La amenaza magenta

 

  • Las últimas encuestas de intención de voto reflejan una debacle en PP y PSOE en favor de otras formaciones

 

El descrédito hacia los políticos, y más concretamente hacia los dos grandes partidos PP y PSOE, está haciendo virar el interés de algunos votantes desmotivados hacia otras opciones del panorama de las siglas políticas. Es ahora cuando, a río revuelto, no ganan los pescadores sino más bien las formaciones políticas de corte oportunista.

Se ha visto en Grecia y en Italia, por ejemplo. Cuando el electorado está indignado o furioso, deriva su voto hacia la radicalidad fascista en el caso de los griegos cuando otorgaron presencia parlamentaria a una formación de ultraderecha. En definitiva, el electorado opta por otras opciones existentes en el arco político, castigando a las formaciones tradicionales a quienes se ve en buena parte como culpables de la situación existente en el país. Muchas de las formaciones fuera del bipartidismo son legítimas. De izquierdas, de derechas, o sin posicionamiento ideológico claro, España tiene vida inteligente más allá del bipartidismo. Pero no todas las opciones existentes son recomendables.

Además, en el caso de España, por supuesto, no podíamos olvidar nuestra particular idiosincrasia, en la que caben desde formaciones políticas basadas en el populismo más rancio, formaciones peregrinas lideradas por ex-convictos, hasta experimentos con gaseosa de color magenta. Este último ejemplo, sin embargo, es el más peligroso. Una formación política capaz de defender una cosa y la contraria, pegada al milímetro al axioma de Marx (Groucho, no Karl) que aseguraba: “estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros”.

El desencanto ciudadano está justificado. El agotamiento de las dos siglas protagonistas del panorama político español estaba cantado, pero debemos ser responsables al trasladar el voto. Otras formaciones con poca transparencia ideológica (¿cuáles son sus verdaderos fundamentos ideológicos?) pueden esconder, tras sus discursos populistas y demagógicos, oscuras realidades que no traerían ninguna solución al país, sino más problemas y mucho más sufrimiento.

Quizá, después de todo, la solución pasaría por desechar la amenaza magenta y otras amenazas, y edificar un sistema político en el que los partidos tuvieran menos peso como organizaciones, y la estructura se mecanizase a través de asambleas. Pero eso es otra historia.

 

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Categorizado como Editorial

Por David Laguillo

Cantabria Diario

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