Ruines y cobardes
Es de naturaleza de los cobardes y ruines telefonear con número privado para dar rienda suelta a su maldad y a sus ansias de calumniar. Pero también, además de la maldad, dan rienda suelta a su escasa o nula inteligencia: olvidan que hoy en día el anonimato no existe, ni en la telefonía, ni en internet, ni en ningún sitio. Y bastan unas pocas horas para conocer el nombre y todos los detalles, incluso el número de calzado si hiciera falta, de cualquier fulano que malgasta su penosa vida acosando a los demás.
Es muy fácil reconocer a un cobarde: será por definición quien se oculta detrás de un nick anónimo en internet; quien se inventa nombres falsos; quien recurre a la mentira como arma de ataque.
Pero la vida moderna, por suerte, ofrece muchas herramientas de rastreo. Y, tarde o temprano, ningún crimen queda sin su correspondiente castigo. Obama sabe mucho de eso del rastreo: nadie escapa al control.
La calumnia y el acoso son delito, tanto en el mundo real como en Internet. Hay gente que parece olvidarlo y, por lo tanto, será necesario enseñarles el significado de la Ley. Decían que, la letra, con sangre entra.
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