A merced del viento

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

{xtypo_dropcap}E{/xtypo_dropcap}l periódico Alerta, como resurgido de lo que fueron sus propias cenizas, abrió la caja de los truenos de algo que parecía ser de conocimiento general en los corrillos publicitarios y mediáticos de esta región. Al más que evidente oportunismo y digamos también “mala leche” del artículo publicado en la portada de Alerta, dicen por ahí que no le falta verdad.

El Plan Eólico, algo que se nos intenta vender como la salvación económica de Cantabria –sin serlo- mueve cifras millonarias, incluidas las cifras relativas a publicidad destapadas por Alerta, y la mayoría de esas cantidades irían a parar a las arcas del grupo multimedia de El Diario Montañés (DM).

Cuenta el relato bíblico que Jacob compró la primogenitura de su hermano Esaú por un plato de lentejas, lo que nos lleva a destacar un punto muy interesante de todo este embrollo, relativo al monopolio (o posición dominante, si lo prefieren ver con una expresión más suave) y a la supuesta servidumbre periodística. El hecho de que El Diario Montañés –cabecera que, por otro lado, tiene cada vez menos de montañesa y habla cada vez más con acento del mismo Bilbao-, ahora el periódico más leído de Cantabria aunque no siempre fue así, intentase acaparar gran parte de los recursos publicitarios para los medios de su grupo a través de la agencia Fraile y Blanco, desde un punto de vista empresarial responde a la estrategia básica de cualquier empresa: conseguir maximizar su beneficio.

Pero si eso se realizase a costa de inundar las diversas publicaciones con contenidos pagados por ese dinero, contenidos básicamente propagandísticos y carentes de cualquier valor crítico, por no mencionar al resto de contenidos o la “línea editorial” que pudiesen quizá moverse también a merced de ese mismo viento, la objetividad y la separación de la profesión periodística y la publicitaria estarían muy en entredicho.

Además, que algunos ilustres columnistas desde otros medios, digitales o analógico irregulares, con tal de meter el dedo en el ojo al DM aprovechen para afear la paja en ojo ajeno, pero no la viga en el propio, pues tampoco resulta nada esperanzador, como ejemplo del panorama. Entre quienes publican “a mala leche” y quienes abiertamente defienden con descaro sus ligazones políticas, sus filias y sus fobias, mamando con descaro de la teta de la vaca regional, y mezclando las churras con las merinas y la información con la opinión siempre unidireccional, el panorama informativo cántabro da más pena que otra cosa.

Ojo, el panorama es feo por culpa casi siempre de las empresas periodísticas o sus dueños, nunca de los curritos y plumillas, que intentan realizar su trabajo dignamente aunque los siempre presentes intereses de sus dueños no les dejen y sientan su aliento en la nuca.

Y a todo esto, Cantabria con las televisiones locales analógicas agonizando y con fecha de caducidad por la TDT, y las radios al borde de un ataque de nervios, por las concesiones y licencias. En resumen, que nuestra estampa mediática, como aquellos molinos tan estéticos y tan bonitos que quieren poner en Cantabria, parece ir a merced del viento.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD