Cantabria: sol, ladrillo y futuro

{xtypo_dropcap}C{/xtypo_dropcap}antabria es una tierra bella, cuna de infinitas bondades que por sí mismas deberían ser atractivas, no solo de cara a un turismo alternativo al sol, sino también para otros sectores con mayor profundidad en sus efectos estructurales y menos estacionalidad.

La dependencia del clima, tradicionalmente imprevisible en esta tierra, obliga a centrar esfuerzos en crear un nuevo esquema de trabajo interno, y de cara a la potenciación de la imagen exterior de la región. Los nuevos modelos de negocio turístico basados en la cultura saben del impresionante potencial de Cantabria en este sentido. Pero más allá del turismo y de ese sol que a veces se nos oculta entre la lluvia y las nubes, nuestra verde tierra puede también planificar alternativas viables a la fallida explosión del ladrillazo salvaje.

Nuevos sectores económicos basados en las energías renovables y en el desarrollo tecnológico pueden ser la punta de lanza que sirva de trampolín para lanzar a Cantabria al estrellato económico y laboral. Además, planificar una apertura económica hacia empresarios del exterior -olvidando chanchullos como GFB y falsos magnates como Alí Syed con el Racing de Santander- puede situar el nombre de Cantabria en las agendas de muchas personas importantes y claves en la toma de decisiones de inversión y creación de empleo.

Así, con el objetivo bien marcado hacia las nuevas formas de economía sostenible, Cantabria tendrá ante sí un brillante futuro a medio plazo, librando las dificultades de la burocracia, los excesos histriónicos, el despilfarro en proyectos huecos y sin futuro, y olvidando los pensamientos anclados en viejos modelos de negocio ligados a un ladrillo que cada vez nos da más disgustos y menos alegrías.