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EDITORIAL-. La encrucijada humanitaria de la Unión Europea

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La pandemia del coronavirus COVID-19 ha vuelto a dejar en evidencia que la Unión Europea, tal y como está planteada ahora, genera más incógnitas que certezas y crea más problemas que soluciones.

Los ciudadanos, que a veces tienen más memoria de la que creen los políticos, no olvidan la tragedia de los refugiados, que supuso un fuerte descrédito a la imagen humanitaria de la UE.

Y, en consonancia con el descrédito, se puso un clavo más en el ataúd de un proyecto europeísta que parece agonizar a pasos agigantados. Después llegó el Brexit y, de fondo, la permanente sombra de los PIGS (cerdos, en inglés), acrónimo utilizado desde hace tiempo para referirse a los países del Sur (Portugal, Italia, Grecia y España) a quienes países como Alemania y Países Bajos siguen viendo así.

Años antes de la crisis migratoria, donde cada cifra representa a una persona y eso es lo que la UE pretende ignorar, la Unión Europea había vuelto a tropezar con el fallido intento de una Constitución Europea, proyecto que ha quedado aparcado en el cajón tras el rechazo de millones de ciudadanos. Así, la UE se encuentra en una encrucijada en la que debe decidir si opta por la economía o por la vida, aunque ambas, obviamente enlazadas, sí es cierto que el actual encaje no funciona y está dando claros síntomas de colapso.

Sobre la crisis migratoria afirma Joaquín Arango: «Es una crisis multidimensional que implica un colapso del sistema europeo de asilo y refugio, una falla sistémica de la solidaridad entre los estados miembros y hacia los migrantes forzosos, y reiteradas vulneraciones de la legislación comunitaria e internacional. Asimismo, erosiona la autoridad de las instituciones comunitarias, amenaza la libre circulación en el espacio Schengen, agudiza las fracturas territoriales de la UE y ofrece abundante combustible al ascenso de la xenofobia y el euroescepticismo».

En este contexto, es fácil entender que el sentimiento europeo está ausente en millones de ciudadanos, ya que cada acción del la UE viene a confirmar más frialdad y burocracia de una institución que solo se fija en las cifras, y da la espalda al humanismo.

En el caso de la pandemia del coronavirus, más de lo mismo. La UE ha vuelto a mostrar su cara más fría e inhumana.

El dinero y la economía por encima de todo, incluso por encima de la salud y de la vida. Así quedarán millones de europeos en la cuneta, a quienes va a ser difícil recuperar para que crean en el proyecto comunitario. Bajo un prisma economicista, obtuso y perverso, ahogada por la fría tecnocracia y las duras políticas de austeridad marcadas por los países ricos del Norte, la UE se enfrenta a una encrucijada humanitaria clave para su incierto futuro.

«El brote podría causar importantes perturbaciones sociales, políticas y económicas también en partes del mundo no directamente afectadas por el virus»

La Unión Europea debe ser la representación de una Europa para los ciudadanos, una Europa para la vida.

Porque Europa será solidaria, o no será.


Bibliografía:

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