Free cinema

{xtypo_dropcap}L{/xtypo_dropcap}a posibilidad de escribir sobre el séptimo arte y, en concreto, sobre las celebraciones que constantemente se llevan a cabo sobre las significativas obras de arte que se construyeron bajo este género, me permite hablar sobre temas que pasan desapercibidos al gran público. En este caso, el cincuentenario del ‘free cinema’, un movimiento cinematográfico inglés que muestra su rechazo a la moralidad pequeño burguesa dominante, a la hipocresía que domina las relaciones sociales y la vida sexual, así como detestaba en general los modelos tradicionales en general.
Así, un grupo de cineastas y críticos modernizarán el cine británico y realizan películas que, a la par que otras vanguardias europeas como la ‘nouvelle vague’ francesa o el nuevo cine alemán, plantean la inadaptación social que produce la vida en las grandes ciudades industriales y nos muestran la soledad del hombre contemporáneo.
Nombres como Lindsay Anderson, Tony Richardson o Karel Reisz ponen en escena a gente del pueblo y abandonan la acción dramática que transcurría en los salones para trasladarlo a las cocinas (las denominadas «películas que huelen a fregadero»). Estos directores de cine recogen así la demoledora visión de un movimiento literario que les precedió levemente, el de los ‘Angry Young Man’ (jóvenes airados), y que, bajo los nombres de John Braine, John Osborne o Edna O’Brien, manifestaban su voluntad de sacar la literatura del pequeño mundo burgués londinense y reflejar también la cultura de las grandes ciudades del sur de Gran Bretaña con su vocabulario soez y sus dialectos obreros.
El ‘free cinema’ se construye, de este modo, en oposición a lo que ellos consideran el ‘viejo cine’ representado por los personajes interpretados por John Gielgud, David Niven, Laurence Olivier o Robert Donat. Este nuevo movimiento afirma la importancia social del cine, como también hacía el nuevo cine suizo de Alain Tanner o el cine checo de Milos Forman, mediante la destrucción de los modelos aristocráticos o burgueses y ponía sobre la pantalla la ideología fabiana que inundaba -en aquella época tan turbulenta- el partido laborista británico.
Aun cuando ya existían obras menores que anticipan este movimiento, son las películas ‘Mirando hacia atrás con ira’ (1959), ‘El animador’ (1960), ‘Sábado noche, domingo mañana’ (1960) y ‘Sabor a miel’ (1961), las primeras que ofrecen un drama sustancial y con matiz izquierdista, que cuentan cosas sobre las tascas vulgares y callejones retorcidos y cuya fuerza se sustenta en el tema tratado y los diálogos con acento ‘cockney’ que lo desarrollan (lo cual implica la necesidad de visionar estas obras en su versión original).
Posteriormente, otras películas como ‘La soledad del corredor de fondo’ (1962), ‘Esa clase de amor’ (1962) o ‘Billy Liar’ (1963), completan el trazado donde el cine británico se libera de su apego a las clases altas y acomodadas (sustancial diferencia con la coetánea ‘nouvelle vague’ gala), al mismo tiempo que la industria deja de lado sus dudas con respecto a este movimiento y procede a producir sus propias películas de ambiente obrero pero, como siempre, más adecuadas a la ideología que empuja al dinero.
Ejemplo de esto último es el resultado obtenido por ‘Tom Jones’ (1963), una película financiada por Hollywood, que obtuvo los Oscar a la mejor película, a la mejor dirección (el inglés Tony Richardson) y al mejor guión (el escritor John Osborne, quien adapta la novela de su compatriota Henry Fielding). Se confirmaba así que el refrescante movimiento inglés pasaba a ser copiosamente imitado y convierte a uno de sus impulsores en el hombre de moda de la época (quien, por cierto, en 1969 dio un empujón a las prometedoras carreras de Ken Loach y Tony Scott).
Pero al igual que sucede siempre con la explosión de nuevos movimientos y géneros cinematográficos, cuanto más se apartaban sus creadores del camino original, peores resultados obtenían con sus obras y más se alejaban del éxito y del reconocimiento popular. De ese modo, el ‘free cinema’ no consiguió que el cine británico certificara que, con el paso del tiempo, se pareciera a un enfermo grave que va pasando de un especialista a otro.

David Laguillo

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David Laguillo (Torrelavega, 1975) es un periodista, escritor y fotógrafo español. Desde hace años ha publicado en medios de comunicación de ámbito nacional y local, tanto en publicaciones generalistas como especializadas. Como fotógrafo también ha ilustrado libros y artículos periodísticos. Más información en https://www.davidlaguillo.com/biografia