De la «enchufecracia» a la meritocracia

La dimisión de Estela Goikoetxea por falsear su currículum pone en el punto de mira a cientos de 'enchufados' en organismos públicos

Estela Goicoechea
Estela Goicoechea

EDITORIAL-. ¿Alguna vez se ha preguntado por qué su hijo o su hija, perfectamente cualificado/a, nunca accede a puestos importantes y bien remunerados en el Gobierno de su comunidad autónoma o su Ayuntamiento? La respuesta está en los partidos políticos, en casi todos ellos sin personalizar en ninguna sigla, porque siempre tienen a alguien a quien “colocar” antes que a su hijo/a.

Da igual lo preparado que esté su hija o su hijo, porque el partido político de turno siempre tendrá alguien a quien enchufar en un puesto muy bien pagado antes que a su hijo, sin importar que la cualificación de su vástago sea la perfecta e idónea para el puesto.

Da igual, incluso, que haya terminado la carrera frente a alguien que no la ha terminado pero afirma que tiene el título. El caso de Estela Goikoetxea, que ha dimitido por falsear su currículum, tras el trabajo realizado por la web Hipertextual.com pone en el punto de mira a cientos de personas que han accedido a puestos de “libre designación”, esto es, por enchufe. Personas que en la inmensa mayoría de los casos no tienen más mérito que la habilidad de medrar en el seno de sus respectivas formaciones políticas.

España tiene la pirámide del éxito social al revés, una pirámide perversa y corrupta, cuya parte superior está plagada de enchufados. A los mejores puestos se accede por «enchufecracia», despreciando el valor de la cualificación, la experiencia o los méritos. En la parte inferior de la pirámide quedan los mejores, los que más méritos tienen. Y todavía hay quien habla de envidia. Es legítima la envidia en este caso.

El día en el que, como sociedad en su conjunto, seamos capaces de llegar a una meritocracia, nos daremos cuenta del daño que se ha hecho a miles de jóvenes y no tan jóvenes, varias generaciones que invirtieron su talento, su esfuerzo, su dinero y su ilusión en formarse para después darse cuenta de que, para ellos, nunca habrá opciones para trabajos de calidad pero sí para trabajar en Telepizza o en Mercadona, trabajos absolutamente honrados por otro lado. Y eso nos da el legítimo derecho a la envidia, y a exponer públicamente a cada enchufado, para escarnio social tanto de ellos como de quienes los colocaron en cargos que no merecen.