La Fundación Botín presenta una obra maestra del cine documentalista, ‘El hombre con la cámara’

Escrito por Kilian Cruz – Dunne

El ciclo de cine ‘Cosmos. La frontera cinematográfica del cine ruso’ continúa en la Fundación Marcelino Botín con la proyección, el martes 22, de la película ‘El hombre con la cámara’, una obra de culto que ha sido analizada en numerosos estudios. Las proyección de la película será a las 17.00h en el salón de actos de la sede de la calle Pedrueca, y la entrada será libre y gratuita hasta completar el aforo. El martes también se podrán visionar las cintas ‘Revolución interplanetaria’ (1924) y ‘Aelita, la reina de Marte’ (1924).

Coordinado por el especialista y profesor de la Universidad de Columbia Richard Peña, el ciclo se desarrolla hasta el 26 de junio con proyecciones de obras modernas soviéticas y se completará con la inauguración de la exposición ‘El Cosmos de la Vanguardia rusa. Arte y exploración espacial, 1900-1930’, que se abre al público el próximo 24 de junio. La muestra analiza la estrecha relación entre el arte y la ciencia rusa antes y después de la Revolución de octubre de 1917, y reúne obras de los artistas rusos más significativos que trabajaron en la época anterior y posterior a este evento histórico. Será la nueva apuesta cultural para el verano de Santander, que aborda y produce íntegramente la Fundación Botín.

Para poder visionar este ciclo, el espectador debe estar preparado a fondo porque los documentales del cine mudo son muy distintos a los contemporáneos. En la época silente se buscaba mostrar la realidad por medio de la imagen, intentando no usar intertítulos en la medida de lo posible: ‘Nanook, el esquimal’, ‘Berlín: sinfonía de una ciudad’ y ‘El hombre con la cámara’ son buenos ejemplos de este género.

Mientras que en Hollywood ya se estaban rodando películas con voz (o al menos con una banda musical), el primer filme sonoro fue ‘El cantor de jazz’ (1927), en la Rusia bolchevique se seguía apostando por el mudo. Así, en ‘El hombre con la cámara’ podemos encontrar la primera expresión de un documentalismo subjetivo, lírico, experimental, entre otras cualidades artísticas y estéticas, que deja la sensación en el espectador de haber visionado cine con mayúsculas.

‘El hombre con la cámara’ está considerada como la obra cumbre del documentalismo. Mitad experimento, mitad documental, la película sintetiza las propuestas de Dziga Vertov sobre el cine-ojo (que en los años 20 tenían una fuerte carga visionaria) pero, al mismo tiempo, las dinamita. Este desconcertante ejercicio cinematográfico, donde el acto de realización del filme es al mismo tiempo el producto acabado, donde el proceso y el fin (rodaje, montaje y exhibición) se funden sin solución de continuidad, es un experimento que retrata la sociedad rusa abarcando todos sus aspectos: la rutina diaria, la maquinaria, los objetos que utilizaban y compraban las personas, los deportes, los pasatiempos… pero todo esto visualizado a través de un camarógrafo y su cámara.

Su trama sigue un día cualquiera en la vida de un operador de cámara, Mijail Kaufman (hermano del director), aunque la verdadera intención del filme es hacer una disección marxista de las relaciones sociales a través del montaje de atracciones. Revolucionaria en todos sus aspectos, la influencia de ‘El hombre con la cámara’ se siente más allá de terreno del documental y se percibe en películas como ‘Goodfellas’, de Martin Scorsese.
Biografía de Dziga Vertov

Denis Arkad’evic Kaufman (1895 – 1954) fue un hijo de bibliotecarios que, después de cursar estudios de música (1912-1915) y medicina (1916-1917), se dedica a escribir poesía y novela. Atraído por el futurismo, toma el pseudónimo de Dziga Vertov (en ucraniano “¡Gira, peonza!”) y se convierte en un cineasta innovador, teórico, poeta, agitador, editor, propagandista y, en definitiva, en un pilar indispensable de un cine documental realista que responde a las necesidades políticas, económicas y sociales del momento histórico en que se halla inmerso. Vertov fue, en definitiva, un inventor y un imaginativo baluarte del cine experimental.

A grandes rasgos, la praxis de Vertov con las imágenes en movimiento comienza en 1916 en su “laboratorio del oído” experimentando “músicas de ruidos”, montaje de fonogramas y palabras. En 1918, el Comité del Cine de Moscú le contrata como secretario y llega a ser redactor jefe del Cine-Semana, el primer periódico de la actualidad cinematográfica soviética. Sus primeras obras, ‘El aniversario de la Revolución’ (1919) y ‘La guerra civil’ (1922), ya anticipaban uno de sus más notables descubrimientos: el ojo humano era capaz de registrar un plano cinematográfico de apenas dos o tres fotogramas. Ello implicaba la posibilidad de montar fragmentos diminutos en cortes aparentemente ilógicos que no sólo desafiaba por entero la temporalidad de la visión natural sino las estructuras del pensamiento, cuya hipótesis empezó a practicar de inmediato, en la medida de sus posibilidades, y así lo plasmó en otra de sus grandes obras, ‘Cine-ojo’ (1925).

En 1925, Vertov anticipaba: “En un futuro próximo, el hombre podrá transmitir simultáneamente por radio, para el mundo entero, los hechos visibles y sonoros grabados por una radio-cámara”. Los tiempos posteriores le dieron la razón. El uso de cámaras portátiles impulsaron la corriente documentalista (el cine directo), el auge posterior de las telecomunicaciones y las aportaciones tecnológicas han posibilitado la utilización, cada vez mayor, de las microcámaras y la circulación abierta de imágenes generadas por multitud de individuos y grupos sociales a nivel mundial…

Vertov defendía a ultranza el seguimiento de los hechos que estaban ocurriendo en esos años en la Unión Soviética como única opción para el registro de acciones (‘La sexta parte del mundo’, 1926), negando la posibilidad de reconstrucción o manipulación de los mismos con actores o acciones premeditadas. El rechazo significaba la no utilización de mecanismos de ficción como el guión, la utilización de estudios, decorados, iluminación…

Conclusión: el montaje de ‘El hombre con la cámara’ constituye una de los más revolucionarios manifiestos cinematográficos jamás hechos en la historia del cine. Casi todo lo que se conoce en el cine contemporáneo lo inventó este visionario, un genio adelantado a su época y un vanguardista vertiginoso, audaz y sorprendente