Los sindicalistas que no hicieron huelga

Escrito por César Román*

E

l periodo más fructífero en cuanto a anécdotas de nuestro parlamentarismo se encuentra sin duda alguna en las Cortes de Cádiz y los siguientes años a la expulsión de los franceses de España, hasta que al rey le dio por volverse por sus fueros absolutistas. Una de las anécdotas de aquel hemiciclo, fue el símil utilizado por un diputado liberal para explicar la falta de interés en dañar al contrario. Contaba que una vez un barbero del barrio del Pópulo (un precioso barrio gaditano) le iba a extraer un colmillo picado a

un paisano. Cuando este iba a tirar del colmillo, el paisano le agarró de los testículos y le preguntó con mucha sorna: pisha, ¿a que no nos vamos a hacer daño? Lo mismo ha ocurrido esta pasada huelga general, en la que los sindicatos convocantes no querían hacer mucha pupita a sus compañeros socialistas en el gobierno y viceversa. Parecía que la huelga iba más contra Esperanza Aguirre que contra Zapatero. Y este nada más terminar la huelga ha corrido para que se sepa que en los próximos Presupuestos Generales del Estado los sindicatos volverán a recibir 20,6 millones de euros. O lo que es lo mismo y para que todo el mundo nos entienda, cero euros de reducción en unos presupuestos donde se reducían todas las partidas. Todas menos las de los sindicatos mayoritarios claro.

 

 

Sin duda alguna esta ha sido la huelga más rara de mi vida. Y eso que les tengo que confesar que he vivido en primera persona, y a los dos lados de la mesa unas cuantas. Por mucho que algunos se suban al púlpito y nos intenten convencer de lo contrario, la huelga no ha sido un éxito. Más bien todo lo contrario. Pero dejaré la guerra de cifras de seguimiento que siempre prorroga cualquier huelga para quien tenga mejor menester en ello que yo.

 

Esta huelga ha tenido una característica muy especial a diferencia de las anteriores. En esta ocasión CC.OO y UGT han estados por primera vez en nuestra democracia solos en la convocatoria. Solos, con la única excepción que confirma la norma de algunos pequeños sindicatos anarquistas que se han prodigado en liarla parda en algún que otro piquete. Pero por primera vez, ha habido decenas de colectivos profesionales que le han pasado su particular factura a los dos sindicatos mayoritarios, y esto les ha restado una importante capacidad de convocatoria. Esa particular vendetta sindical le ha quitado una gran parte de efectividad a la huelga, y las secretarias de organización y de acción sindical de ambos sindicatos podrían hacer una lectura del porqué de esos desencuentros.

 

En sanidad por ejemplo el seguimiento ha sido mínimo, ya que tanto el Sindicato Médico como el de enfermeras SATSE, no sólo no secundaron la huelga sino que hicieron un llamamiento ha hacer huelga a la huelga. Denunciaban estos que los sindicatos mayoritarios colaboraron con el gobierno y nada dijeron cuando Trinidad Jiménez, les recortó salarios y complementos.

 

Entre los funcionarios idem de lo mismo que en Sanidad porque tanto CSI-CSIF como la mayoría de los sindicatos profesionales les hicieron una pedorreta a Toxo y Méndez por haberles dejado tirados ante el recorte de salarios de los funcionarios.

 

Los aeropuertos funcionaron con normalidad porque los únicos con fuerza para pararlo son el Sindicatos de Pilotos (SEPLA) y los controladores aéreos. Y César Pérez de Cabo, el hombre más buscado por las féminas de facebook para que les controle su espacio aéreo, estaba ese día frente a su pantalla y con los cascos puestos. Lo mismo pasó en el metro de Madrid que funcionó casi normalmente porque el sindicato de maquinistas mandó a freír gárgaras a los grandes, algo que también hicieron sus compañeros de la RENFE que fue capaz hasta de sacar AVEs a las vías.

La lista es interminable y no me quiero extender más sin antes recordar que en algunas zonas como el País Vasco la repercusión fue mínima ya que los sindicatos nacionalistas mayoritarios ELA y LAB no quisieron ir de la mano de sus compañeros sindicalistas «españolistas».

 

Con ese panorama extendiéndose como una mancha de aceite por todas partes, con sindicatos importantes como USO o los de enseñanza mirando hacia otro lado y con la gente echando cuentas de cuanto le iban a descontar de la nómina por la huelga, no es de extrañar que la huelga no prosperase. A lo mejor sería un buen momento para que los subvencionadísimos sindicatos mayoritarios se lo hiciesen mirar, se tomaran la medicación y rectificasen el rumbo desvariado que llevan desde hace ya mucho tiempo. Nuestra sociedad y nuestras relaciones laborales necesitan sindicatos fuertes y representativos, y eso es en lo que cada vez tiene mayores carencias los sindicatos del crucerista Toxo y el degustador Méndez.

 

*César Román es el portavoz de la Asociación Profesional de Directores de Recursos Humanos.

César Román