No sobramos nosotros: ¿sobráis vosotros?


{xtypo_dropcap}L{/xtypo_dropcap}os datos del paro en España no dan ni un respiro a la maltrecha sociedad española, que se encuentra más cerca que nunca de una ruptura que se podría complicar si no se toman medidas urgentes. Más de 1,7 millones de familias españolas tienen a todos sus integrantes en paro.

{xtypo_quote_left}El sistema empuja y margina todavía mas a las personas que van bajando peldaños{/xtypo_quote_left}

Además, el drama del paro viene aparejado con esa pérfida manera que tiene esta sociedad -basada en las finanzas por encima de las personas- de empujar hacia abajo de la pirámide social a quienes tienen problemas. El sistema no ayuda, sino que al contrario empuja y margina todavía más a las personas que van bajando peldaños en la pirámide, y cayendo al fondo.

Como si fueran piezas sobrantes de un puzle, el maléfico sistema económico y social que por desgracia nos rige desde hace décadas (o siglos), fuerza a las personas -a las “piezas”– a caer al fondo porque a cualquier dificultad mínima en el tema laboral o económico, le siguen muchas otras añadidas cumpliendo el refrán que afirma que “A perro flaco, todo son pulgas”.

Así, si una persona en paro desde hace meses -y no porque sea un “vago”, sino porque no encuentra trabajo- experimenta una devolución, pongamos por ejemplo, del recibo de la luz, automáticamente su banco le castigará con una penalización económica, al igual que la compañía eléctrica, que no hará sino complicar todavía más -empujar a esa persona a la parte inferior de la pirámide- la situación económico-social del ciudadano.

El sistema, de hecho, posee una ingente maquinaria de creación de personas excluidas de la sociedad.

Y si esta situación todavía no ha estallado en forma de revuelta espontánea es porque las familias españolas siguen ayudándose entre sí, pero esa situación de frágil paz social -basada en la solidaridad interna y en el ocio televisivo- no puede durar demasiado.

La pirámide social española actualmente se compone de una gran masa de trabajadores (en su mayoría precarios), otra gran masa -cada vez más grande- de personas en desempleo y en claro riesgo de exclusión social, y por encima de todos una pequeña élite de políticos y grandes fortunas.

En la Edad Media, la parte más baja de esa pirámide estaba formada por soldados, campesinos y siervos. Un peldaño más arriba estaban los caballeros, señores y obispos; por encima de ellos estaban los duques, condes y altos prelados, y en la cúspide, por encima de todos ellos, el Rey.

Así las cosas, el panorama no dista de ser muy diferente de la actualidad española, donde una enorme base de millones de trabajadores rasos (vasallos, campesinos, policías-soldados…) soportan sobre sus maltrechos hombros los caprichos de las clases altas y dirigentes, que siguen siendo minoría. Si exceptuamos la presencia de la Democracia y las elecciones, la separación en estamentos es muy parecida a la Edad Media.

Pero, ¿qué piezas “sobran” del sistema? ¿Sobran acaso las clases bajas y los trabajadores que sostienen todo el sistema? No, es evidente que no pueden sobrar la mayoría de las piezas que sostienen todo el engranaje social. Quizás, por lo tanto, sobran las partes de arriba…no sobramos nosotros: ¿sobráis vosotros?.