18 años de cárcel por el asesinato a cuchilladas de su pareja en Caloca

  • Ambos mantenían una discusión en el interior de un vehículo cuando el hombre, de manera sorpresiva, sacó un cuchillo y se lo clavó a la mujer hasta en doce ocasiones

  • La Sala Civil y Penal considera acreditada la existencia de alevosía en la acción del agresor y rechaza que éste tuviera alteradas sus facultades

La Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria ha confirmado la condena a 18 años de prisión a un hombre por el asesinato de su pareja.

Los hechos tuvieron lugar en septiembre de 2013 en una pista forestal de la población de Caloca, comarca de Liébana. La víctima y su agresor se encontraban en el interior de un vehículo manteniendo una discusión.

En un momento dado y sorpresivamente, el hombre cogió un cuchillo y le asestó doce cuchilladas a la mujer, sin que ésta pudiera hacer nada para defenderse.

Luego, una vez comprobado que la mujer había fallecido, el hombre la arrastró hasta un margen de la pista forestal y la introdujo entre la maleza. El cuerpo fue descubierto dos días después por unos excursionistas.

Este es el relato de hechos que el tribunal del jurado consideró probados tras el juicio oral celebrado en la Audiencia Provincial el pasado mes de febrero.

Entonces, el presidente del jurado y magistrado impuso una condena de 18 años de cárcel al acusado, así como la prohibición de acercamiento a la familia de la mujer durante 20 años y una indemnización que suma 229.500 euros para sus hijos y sus padres.

Ahora, la Sala Civil y Penal confirma la sentencia de la Audiencia Provincial y rechaza las alegaciones de la defensa del condenado.

Alevosía acreditada

Por un lado, confirma la existencia de alevosía y, por tanto, la comisión de un delito de asesinato.

Señala la Sala que “las inferencias del jurado sobre el carácter súbito e inopinado de la agresión y la inexistencia de posibilidades de defensa y huída de la víctima están basadas en varios indicios acreditados por prueba directa”.

Además, añade que según el Tribunal Supremo viene declarando “la existencia de una previa discusión no es incompatible con la alevosía sorpresiva”.

“En el supuesto contemplado se habría producido, en todo caso, un cambio cualitativo de la situación consistente en el inesperado uso de un arma en un espacio reducido y cerrado que impide una defensa mínimamente eficaz y una razonable posibilidad de huída”, apostilla.

Estaba en plenas facultades

Por otro lado, la Sala tampoco acoge el argumento de la defensa de considerar que el agresor tenía afectadas sus capacidades intelectivas y volitivas debido a que era politoxicómano y en el día de los hechos había consumido drogas y alcohol.

El jurado consideró en su veredicto que en el momento de los hechos el acusado estaba en plenas facultades dado que ningún testigo manifestó que presentara signos de embriaguez o de consumo de drogas.

Además, el informe toxicológico descartó consumo continuado de drogas en los meses anteriores a la toma de las muestras, y los informes de los forenses no encontraron que el acusado presentara alteraciones psíquicas.

Por tanto, la Sala considera que los hechos establecidos por el jurado “superan el cauce de razonabilidad”.

Finalmente, rechaza la sentencia las alegaciones de la defensa acerca de las palabras en negrita que aparecían en el objeto del veredicto entregado al jurado para su deliberación.

Señala la Sala que el uso de negritas tenía un fin meramente identificador de los distintos apartados y de los conceptos determinantes del régimen de mayorías en las votaciones y que, independientemente de que pueda ser útil o no, el uso de esta grafía “no es objetivamente suficiente para sobrepasar su mera labor identificadora e inclinar el sentido de la decisión del jurado”.