Opinión / Tribuna libre

A 25 kilómetros del Racing: triste centenario

Manuel Haro Alcalde

Por Manuel Haro Alcalde

Manuel Haro Alcalde{xtypo_dropcap}E{/xtypo_dropcap}l Rácing de Santander está en el año de su Centenario. A 25 kilómetros de sus “inetereses”, es decir, desde Torrelavega, no parece que sea algo que ocupe demasiado, por aquéllo de los famosos “piques” de los que el fútbol vá servido. Ahí tenemos ejemplos de los Gijón-Oviedo, Bétis-Sevilla, Madrid-Atlético… algo consustancial entre aficiones llamadas al enfrentamiento tantas veces estúpido en pós de no se sabe qué defensas, que no sean las de la violencia desmedida y sus consecuencias, en demasiados casos irreparables.

Este comentario, no es el caso aunque razones habría para un pequeño apartado, ya que los Gimnástica-Rácing se han visto envueltos en presencias de locos radicales quienes en su última visita al nuevo “Malecón”, no dejaron pasar la oportunidad de mostrar su estupidez destrozando una parte de las flamantes instalaciones, pero no es el motivo, insisto, de és escrito.
Lo es el que, por motivos de trabajo en su tiempo; de acercamiento por amistad a miembros del entorno durante años, no puedo ocultar mi interés por el futuro del equipo de la capital.
Y es aquí donde quiero incidir, ya que ante el acontecimiento que todos los clubs celebran con ilusión y lógica entrega todo lo que rodea a cién años de historia, estamos ante una entidad “fantasma”. Rodeada de un misterioso halo de confusionismo. No se sabe quién está ni para qué. Asistimos a un vergonzoso vaivén de personajes de ida y vuelta que lo que menos les interesa es el equipo no en su futuro, sino en el propio presente.
Hé conocido a muchos presidentes del Rácing (Vidal de la Peña, Sedano, Valentín Valle, Cagigas, Emilio Bolado, Huerta…), todos con un recorrido más o menos afortunado en sus respectivas gestiones, pero dedicados a presidir y a trabajar desde su posición por el equipo que presidieron. Y muchos de éllos, poniendo dinero.
Pero desde una esperpéntica aparición en forma del llamado Dmitry Piterman, la noria empezó a dar vueltas y vueltas y…
Aquéllo debió ser algo así como el principio del fín, en lo que a mandatarios se refiere, ya que ahora mismo se desconoce quién manda aquí. Quién “corta el bacalao”, porque toda ésta panda de supuestos accionstas (¿oportunistas?); ésta relación de “no iniciados” que, a poner, no vienen, éso está descartado, pero a “trincar”, si pueden, seguro que sí, están contribuyendo a lo que se há dado en llamar “ceremonia de la confusión”.
¡Qué contratos, qué exigencias, que desbarajustes!. Juzgados, personajes que están, pero que no… Y todo ésto, como cualquier mal, tiene un orígen con nombre propio: el indio Syed Alí. Llegar a Santander y… ¡¡comienza el espectáculo!!, todo fué uno. Coches de lujo, “gorilas” guardaespaldas que terminan en los juzgados acusados de agresión;”escenas de matrimonio” en el palco de “El Sardinero”, con bufandas al aire, puros por doquier… ¡¡cuánto ridículo que, entre otras cosas (y hé aquí mí…¿preocupación?, no), minó la carrera política de algunos gobernantes entonces en connivencia con el “tío Sam” ó “Bienvenido Mr. Marschall” del momento. El “salvador” (más embaucador que salvador), que arrastró al contagio a quienes no supieron ver lo que estaba a la vista de todo el mundo: el camelo del siglo.
Pues la “fiesta”, continúa. Los pseudodirigentes actuales, en algunos casos, saben de fútbol lo que un servidor de física quántica. Y, ¿saben qué es lo peor?. Que el camino a la desaparición, está abonado. Insisto en que éstos no han venido a poner. Y para llevar, queda menos que si Sánchez Gordillo hubiera pasado con su “carrito de los helaos” (ó de Carrefour), por El Sardinero.
¡Pobre Rácing!. Qué triste Centenario le aguarda… si es que llega.

 

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