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Condenado a ocho meses de prisión por matar a patadas a un perro en Santander

  • El acusado Sergio F. A. vecino de Santander, de 29 años, había sido condenado
    por la justicia en dos ocasiones anteriores

Una jueza del Juzgado de lo penal nº 3 de Santander ha condenado a la pena de ocho meses de prisión con inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena, a Sergio F.A. por matar a patadas a un perro en una calle de Santander. Así mismo lo ha condenado a la pena de inhabilitación especial para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales, durante el plazo de dos años. Deberá también indemnizar a Marta H. S. con la cantidad de 1.500 euros por el valor de su perro, y con 2.500 euros por daños morales, así como el abono de las costas procesales causadas, incluidas las de la acusación particular y popular.

Los hechos sucedieron el día 28 de abril de 2014. Sobre las 20:30 horas funcionarios del Cuerpo de la Policía Local de Santander se personaron en la calle Rualasal Nº 16, lugar donde al parecer una persona estaba dando patadas a un perro. Pudieron observar cómo en la acera de la misma calle Rualasal, acceso a las escaleras del Pasaje de la Puntida, yacía en el suelo Blas, un perro de raza Pastor Catalán que llevaba puesto un collar con una correa extensible. En el lugar se encontraba la propietaria de Blas, que resultó ser Marta Francisca H. S., la cual se encontraba llorando.

Según consta en las actuaciones, sobre las 20:00 horas procedió desde su domicilio a sacar a pasear a su perro. Momentos después entró a realizar unas compras en el Carrefour Express, en la calle de Rualasal número 21, dejando a su perro junto a la puerta de entrada del establecimiento, sin amarrar, pues su perro era tranquilo y nada agresivo. No habían transcurrido ni dos minutos, cuando se encontraba esperando en la cola de la caja, escuchó un murmullo procedente de la calle y vio como entraba en la tienda una señora muy asustada y a un grupo numeroso de personas mirando hacia el garaje del edificio de Caja Cantabria, lugar donde un chico de aproximadamente veinticinco años, le propinaba varias patadas muy violentas en el costado izquierdo, al perro de la compareciente. Tras presenciar la agresión, Marta Francisca llamó a su perro, al tiempo que se dirigía hacia él. El animal caminó dos metros, desplomándose a sus pies, y tras sufrir varias convulsiones, falleció quedando tendido en la acera.

Según declaró Félix J. H. O., testigo de la agresión, estaba paseando con su bebé cuando escuchó una algarabía de perros y miró hacia el lugar de donde provenía. Observó a dos perros enzarzados, uno de ellos sujeto por correa por su dueño y el otro suelto, y que el perro sujeto por correa era de color canela, un Sharpei. Vio también que el dueño del Sharpei comenzó a propinar patadas al otro perro, supuso que para intentar separarlo del suyo, y que pudo propinarle media docena de patadas. En un momento dado los perros se separaron, transcurrieron unos segundos y el propietario del perro encadenado se dirigió al otro perro y comenzó de nuevo a propinarle patadas, sin que entonces mediara ya la agresión del otro perro al suyo. Félix Javier, que se encontraba en la misma acera, le dio una voz al observar que las patadas que propinaba al perro no eran ni en el culete, ni en las patas, sino en la zona abdominal. Desde veinte metros de distancia le dio un grito diciéndole: “para, que le matas”. Tras recibir las patadas en la zona abdominal, el perro comenzó a hacer una serie de cabriolas y cayó al suelo de lado, tras unas convulsiones o estertores, quedó totalmente inmóvil. Uno de los policías locales declaró ante el juez que “una de las patadas tuvo que ser letal”.

La protectora El Refugio se personó como acusación en el procedimiento, y celebran que haya concluido con esta sentencia condenatoria.

“Desde El Refugio aplaudimos la sentencia de esta jueza, condenando a ocho meses de prisión al tipo que mató brutalmente al perrito Blas. Esperamos y deseamos que los jueces españoles castiguen cada vez con más dureza casos como éste, para evitar que se vuelvan a producir”, concluye Nacho Paunero, Presidente de El Refugio.

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