Editorial

Del ‘purogate’ al ‘cablegate’

{xtypo_dropcap}M{/xtypo_dropcap}ientras el resto del mundo sigue con pasión la historia de Wikileaks, Assange y el ‘cablegate’, a nivel doméstico en Cantabria conservamos nuestra propia peculiaridad, con nuestro insigne presidente Revilla a la cabeza. Aquí vamos a nuestro aire, ni mejor ni peor, pero peculiar sin duda.

Por eso, los asuntos domésticos van desde el ‘purogate’ hasta el más reciente ‘ElMundogate’, pasando todos los contenidos por el tamiz de quien es, sin ninguna duda, el presidente de Cantabria más personal e indefinible, capaz de calzar albarcas con traje y corbata.
Lo último -después de aquella peregrina anécdota del puro ‘humeante y rechupeteado’ de Revilla que pisó el presidente del PP cántabro- es una especie de ‘abrir la caja de los truenos’ contra dos periodistas de El Mundo Cantabria en el X Congreso Regional del PRC, donde Revilla encendió la chispa que su público se encargó de avivar contra los dos trabajadores del citado medio.
Es posible que muchos lectores recuerden que, en su momento, con la sombra de la duda sobre el autor de ese pisotón al habano, el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, llegó incluso a pedir las grabaciones de las cámaras de seguridad para descubrir al dueño del zapato que pisó su puro. Al más puro estilo ‘watergate’, el ‘purogate’ sirvió para llenar hojas impresas durante algunas semanas y para rellenar horas de radio y televisión.
 
Ahora, el más reciente ‘ElMundogate’, que ha sido criticado por la Asociación de la Prensa de Cantabria, situó a dos profesionales, tanto redactora como fotógrafo, jugando sin ningún género de duda en campo contrario y en un ambiente no especialmente amistoso. Durante su discurso, Revilla fijó la atención sobre estos dos periodistas, lo cual originó abucheos provenientes de una parte del público. Todo era innecesario, sin importar si la línea editorial de ese rotativo en concreto es contraria o no al presidente, o si es más o menos amistosa con el ejecutivo cántabro.
No debemos olvidar que los efectos de la oratoria del presidente de una comunidad autónoma, o de cualquier otro alto cargo político -por la importancia de la posición que ocupan y por la influencia sobre sus oyentes- son muy superiores a los de cualquier otro orador, bien sea periodista, médico en una conferencia o cualquier otro profesional subido a un atril con un micrófono.
Las palabras, en ocasiones, si son lanzadas sin sopesar sus consecuencias con un poco más de previsión, pueden causar situaciones incómodas o poco agradables, que a todas luces no eran necesarias en el caso de ‘ElMundogate’.

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