Opinión / Tribuna libre

“Por Dios, ¡no más reformas educativas!”, por Rogelio López Garrido

Por Dios, ¡no más reformas educativas!, por Rogelio López Garrido
Por Dios, ¡no más reformas educativas!, por Rogelio López Garrido

Por Rogelio López Garrido

Por Dios, ¡no más reformas educativas!, por Rogelio López Garrido

Por Dios, ¡no más reformas educativas!, por Rogelio López Garrido

”La vida no debe estar en un libro de texto. La vida no debe estar en un departamento de la universidad.

La vida debe estar donde está. Y en donde está, está respirando y viviendo.

El conocimiento de la vida debería estar en manos de aquellos que están viviendo. Estos son los que deberían tener el conocimiento de la vida”.

Estudiar no es grabar en la memoria las hojas impresas de un libro. Estudiar es leer (o escuchar) para luego observar si tal cosa existe en la vida y cómo esa información la puede mejorar. A través de la observación nos llega la información, el conocimiento de la vida. Y si eres capaz de sacarle partido a lo que aprendiste aplicándolo, encontraste la razón de ser del estudio. Así de sencillo.

Volver a recuperar la definición de estudiar sin alteraciones y ser fieles a ello daría un vuelco enorme que inspiraría el renacimiento hacia una auténtica reforma, que te llevaría a ‘retomar las bases’.

Muchos sabemos que este es uno de los principales problemas que tenemos en la EDUCACIÓN CÁNTABRA. Nos atiborramos de páginas enteras de texto, ¿para qué? Para luego aprobar un examen. ¿Y qué?, ¿qué he aprendido realmente?, ¿para qué me ha servido?

Tenemos que darle a la educación de nuestros hijos una manera de estudiar científica, o sea, estudiar y ver la realidad. Leer y aplicar, estudiar y practicar, estudiar y practicar. Esto es lo que hace personas despiertas y capaces, seguras a la hora de tomar un trabajo u oficio y sin causar daños a la empresa o al grupo, emprendedores que son capaces de crear un negocio exitoso. Hay personas que son verdaderas esponjas humanas, que absorben información que permanece en su mente como una masa sin digerir que da la apariencia de “sabiduría” y que produce resultados pobres tanto a nivel operativo como a nivel profesional, tanto en pequeñas empresas como en los Gobiernos. Esa información acumulada es inútil porque no se le enseñó a aplicarla a los asuntos cotidianos. Las esponjas humanas lo conocen todo en teoría pero les falta la aplicación. Se empapan en información sin obtener conocimiento alguno. Para no ser esponjas debemos saber estudiar y aplicar.

Aprender la manera de aprender siguiendo una metodología de estudio debería ser la primera asignatura, es el manual del estudiante. Y es posible. Dirijo el centro de estudios ACE (www.rogeliolopezgarrido.com), lo llevo haciendo desde hace más de 33 años y créeme que la columna vertebral de todo estudio exitoso está en cómo se estudie. Ahí se encuentra la calidad.

Y la manera NO es aprender a subrayar o hacer esquemas; se comienza con aprender cómo aprender a leer y entender.

El uso del diccionario es fundamental, es raro encontrar hoy en día a un estudiante que lo use para poder comprender una palabra. Cuando lo pregunto en cada entrevista que tengo, la mayoría me responde que la última vez que lo utilizó fue hace tres o cuatro años. Esto es una barbaridad. El diccionario es una herramienta vital como el martillo para el carpintero. Cada vez que abres un libro debes de tener y usar el diccionario en todo momento. Aprender a manejar un diccionario sencillo y las palabras sería una técnica interesante.

Las demostraciones de cómo funcionan los datos que estamos leyendo para poder visualizar el texto evitan que uno se aburra soberanamente y abandone el estudio.

Y hacer del estudio algo individual es una realidad necesaria y posible. No podemos meter en el mismo cajón a todos por igual; hay que respetar el nivel de dificultad que tiene cada estudiante, y lo mejor, se puede hacer en la misma sala de clase con el maestro como tutor.

Es posible hacer las cosas mejor, el propio Ministerio debe ser autocrítico si quiere hacer algo al respecto en cuanto a reducir considerablemente el fracaso y el abandono escolar. Y una de las cosas que le daría oxígeno a la educación es dejar de monopolizarla, facilitar que los padres aprendan cómo aprender y permitirle a cada familia elegir el método que considere mejor para su hijo.

Tanto los que tenemos la vocación por enseñar como los padres, y sobre todo los jóvenes, no podemos esperar a que el Ministerio despierte y encuentre la reforma mágica usando a nuestros hijos como ‘conejitos de indias’. Como la última que ha realizado, volver a implantar el sistemas de exámenes: ‘Este mismo verano aprobó el gobierno en funciones el sistema de reválidas para Eso y Bachiller, porque sí’. Vamos a ver, si no se sabe estudiar ni formar al docente, teniendo un índice de fracaso escolar elevadísimo, con un alumnado cada vez más numeroso que no quiere ir a clase; este gobierno (funcionarios o asesores administrativos) no es ninguna autoridad válida para tomar medida alguna.

Sería correcto devolver la responsabilidad y el derecho de la educación de los hijos a los propios padres, y que éstos sean libres de escoger la educación que desean para su hijo. Y si quieren educar a su hijo en casa que lo hagan, como las cerca de 4.000 familias que ya lo hacen en España. Además de Estados Unidos, en Europa son varios los países que reconocen el derecho a la escolarización en casa: Noruega, Finlandia, Eslovenia, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Bélgica, Luxemburgo, Suiza, Austria, Hungría, Italia, Francia y Portugal. También en otros continentes hay países donde el homeschooling es una opción amparada legalmente: Australia, Nueva Zelanda o Indonesia, por ejemplo.

Esta apertura devolvería prestigio democrático al Ministerio y por tanto a todas las gentes, que lo que quieren es que su hijo sea feliz y capaz.

Las palabras nos comunican las ideas y si éstas no se comprenden crean lagunas, mucha estupidez, lentitud, incapacidad, incluso tendencias criminales en el estudiante. El paro, la delincuencia, la drogadicción, etc., se cultivan en las escuelas; detrás de la ignorancia de cada chaval encontramos centenares de palabras que no se entendieron, junto a la tristeza y el ahogo de acudir a clase al día siguiente a recibir un nuevo tema cuando se ven obligados a continuar. Esto es autoritarismo. La “educación” moderna los hipnotiza, les enseña a memorizar como única manera de ‘que le entre todo y a tiempo’

De un centenar de estudiantes que inician la primaria, quince acaban una carrera profesional y de ellos cinco prosperan en su profesión. Por cierto, la profesión con más bajas laborales, con un 61%, es la de maestro. Por Dios, ¡no más reformas!

En fin, no hemos sabido formar a nuestros chavales como buenos estudiantes y mucho menos lograr que apliquen en todo momento lo que estudian; claro que hay que tener en cuenta que mucho de lo que se enseña no es aplicable ni práctico, ese es otro punto importante a corregir.

Seguir así es continuar alimentado la ceguera además del coste y pérdida de tiempo que esto supone. Tenemos que ser auto críticos y reconocer que la mayoría de los propios maestros y funcionarios responsables de la educación no hemos aprendido a saber cómo saber, y a cómo transmitirlo. Devolvamos a los padres su derecho a elegir la mejor manera que consideren para educar a su hijo.

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