Editorial

El anónimo y el informante improvisado

{xtypo_dropcap}T{/xtypo_dropcap}witter y otras ‘redes sociales’ y herramientas ‘online’ han traído sobre la comunicación efectos curiosos en algunos casos, interesantes en bastantes, y preocupantes en otros muchos. El balance general es muy positivo, pero los puntos negros del nuevo sistema de información y difusión se vuelven a centrar en el anonimato. Si un usuario afirma llamarse “Pepepollo” y usa como identificador una fotografía de la Pantera Rosa, es muy difícil otorgar alguna credibilidad a sus aportaciones. El anonimato como escudo de protección de una fuente informativa, en algunos casos determinados puede estar parcialmente justificado. Nada justifica abusar del anonimato para insultar (el insulto no se justifica en ningún caso, pero es todavía más ruin efectuado desde el anonimato).
Incluso, puede darse el caso de usar el anonimato para insultar acusando además a otros de insultar -una delicia de incoherencia ese indecente detalle de usar el insulto para reprochar a otros el presunto insulto-. Rompemos aquí el bucle de esa argumentación entre anónimo e insulto para no caer en una espiral de paradojas elevadas al infinito.
 
La diferencia entre un anónimo insultante, un anónimo informante y un informante improvisado es evidente, porque el valor de estos dos últimos puede ser muy apreciado e interesante. Sin embargo, un informante improvisado (sin olvidar su utilidad para aportar información en situaciones donde el acceso de los periodistas sea imposible), en ocasiones es peligroso porque convierte a un ciudadano de a pie en improvisado periodista o cronista de una catástrofe y puede desvirtuar o malinterpretar la realidad de las cosas, y lo que es peor, trasladar la sensación de ser una información real y en vivo cuando en realidad es “un opinante”, particular y personal.
 
El informante improvisado en la mayoría de los casos no es un profesional de la información, en cambio es alguien que, a través de su Twitter, su Facebook o cualquier otra herramienta, difunde al mundo sus interpretaciones o sensaciones, datos basados generalmente en experiencias personales, vivencias locales y con escasa posibilidad de extrapolación para crear conclusiones generales para elaborar una información real y objetiva.  

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