El fantasma de las dos Españas

{xtypo_dropcap}H{/xtypo_dropcap}a vuelto a resurgir la derecha, la de siempre, la más reaccionaria. Y ha vuelto para atacar a los sindicatos y justificar los recortes asociados a una crisis de dolor. Una crisis que, como siempre, solo sufren los pobres pero nunca, nunca, nunca jamás, llega ni siquiera a salpicar a quienes crearon la crisis. Una tristemente injusta paradoja. La crisis la crearon otros pero la sufrimos los demás.
Nadie ha osado volver la vista a Islandia, el otro modelo, la otra forma de solucionar el problema, y de forma exitosa, ya que la calificación del país según las agencias sigue subiendo, y la economía de Islandia crece más que la zona Euro. Algo habrán hecho bien los islandeses, muchas cosas han hecho bien. Decir basta y poner coto a la locura, imponiendo el raciocinio.
Aquí, en España, el PP nacional y también el regional, se ha quitado la careta de la bondad y ha dejado ver su rostro más duro. El rostro amargo del castigo al inferior, del desprecio al desamparado, de destrucción de lo público y del abrazo al rico, el coqueteo con el poderoso, y el abrazo fraternal con el especulador de las finanzas.
En medio de esta guerra de descalificaciones vemos la siniestra sombra del fantasma de las dos Españas, que ya pensábamos superado. La derecha carga con crueldad contra los sindicatos, a quienes todavía ven como un enemigo potencial con capacidad para unificar a la población en contra de las injusticias. Razón no les falta, este domingo quedó claro que la capacidad de movilización sindical no había muerto, estaba de parranda, y quedó claro que los sindicatos están tomando el buen camino para recuperar el crédito que tenían perdido ante una parte de los trabajadores.
Sin duda, la contundente respuesta ofrecida por la población española, el rotundo “NO” contra la reforma laboral, con cientos de miles de manifestantes en toda España, ha sido la mecha que puede llegar a encender la tan ansiada y necesaria respuesta popular ante los desmanes de las clases políticas y financieras.
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Por David Laguillo

Cantabria Diario

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