El hombre que vomitaba sobre su factura

Imagínense la escena en el confortable sofá del salón de mi casa a la hora de la cena: bandeja sobre las rodillas, plato con comida sobre la bandeja y copita de crianza sobre la mesa de centro. Y a disfrutar del jamoncito bueno encima del pan tostado en el horno con su tomate triturado, una gota de aceite de oliva y ajo muy picado, una delicia de dieta mediterránea, oiga.
Y en esto que aparece en la pantalla de la tele un tipo que durante varios segundos se pone a vomitar, sí a vomitar, sobre su factura de teléfono móvil. No contento con el resultado, el creativo me ofrece un primer plano de la factura potada, todo un canto al realismo, ¡que tío más majo y ocurrente el creativo! Menos mal que no le dio por reproducir otro tipo de expulsión de materia orgánica del cuerpo más olorosa si cabe…
Está bastante claro que no voy a cambiar de compañía de móvil gracias a este anuncio. Lo que no tengo muy claro es como esa compañía que tiene la última palabra (al fin y al cabo es quien paga al creativo y a su agencia) sobre el contenido del anuncio, puede dar el visto bueno a semejante marranada que ofende por partes iguales al buen gusto y a la digestión. En una peli gore lo entiendo, el que paga la entrada de un cine tiene bastante claro en principio lo que va a presenciar, pero que te planteen esto en mitad de la cena sin capacidad ni tiempo de reacción ni huida a través del zapeo… me parece ofensivo, porque se supone que quieren caerme bien para que compre su producto. Más debate generan estos tipos de escena de corte desagradable; o escatológica, o violenta, o como se decía antes que pueda herir la sensibilidad del espectador en una serie (tipo House por ejemplo) o en un telediario. Por miedo a que un creativo de publicidad, un guionista de serie nacional o extranjera o un editor de informativos con pocos escrúpulos me joroben la cena, me estoy planteando seriamente tirar de DVD y que salga el sol por Antequera, provincia de Málaga.