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El Juzgado de lo Social prohíbe a Sanitas que sus gerocultoras administren medicamentos sin presencia de personal sanitario

Una sentencia judicial estima una demanda de UGT y repite los mismos argumentos por los que se condenó este año a otra residencia de Santoña

El Juzgado de lo Social 2 de Santander ha dictado una sentencia en la que prohíbe a la residencia santanderina Sanitas Mayores que sus gerocultoras administren medicamentos a los residentes sin la presencia física de personal de enfermería o sanitario para supervisarlo, tras estimar una demanda del Sector de Dependencia de la federación UGT-Servicios Públicos en Cantabria.

La sentencia de Sanitas Mayores se suma a otro fallo judicial por el mismo motivo y con el mismo resultado en otro geriátrico cántabro, la Residencia Santa Ana de Santoña, que fue corroborado este mismo año por el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria (TSJC) tras un proceso judicial también promovido por una demanda del Sector de Dependencia de UGT.

Esta nueva sentencia reafirma el argumento jurídico de que “una cosa es colaborar puntualmente con el personal sanitario en la administración de la medicación y otra, al margen de sus cometidos, preparar y administrar medicamentos, tareas que no son propias de las gerocultoras”.

El Juzgado de lo Social 2 se retrotrae a otros fallos judiciales, incluido el que ya sancionó a la Residencia Santa Ana, y precisa que “corresponde a los enfermeros/as la preparación de la medicación y la supervisión de su administración, de manera que las gerocultoras de la residencia puedan efectuar tal administración (colaborar con el personal sanitario), pero siempre que exista tal supervisión física (no meramente telefónica) y que la medicación haya sido preparada por enfermería”.

Según subraya UGT en un comunicado, el Juzgado de lo Social considera probado que la residencia Sanitas Mayores dispone de una plantilla de cuatro enfermeros; dos en turno de mañana y uno en turno de tarde, de lunes a domingo, aunque como precisa el propio fallo judicial “en el turno de noche no hay presencia física de un enfermero que se encuentra localizado telefónicamente”.

De hecho, al igual que ocurriera con la sentencia anterior del geriátrico de Santoña, el tribunal reconoce que el propio convenio colectivo de Servicios de Atención a las Personas Dependientes y Desarrollo de la Promoción de la Autonomía Personal estipula algunas tareas que las gerocultoras pueden realizar como colaboración con el personal sanitario pero siempre con la presencia física de éste último”.

La sentencia reproduce un artículo del mencionado convenido colectivo que dice de manera textual que “en ausencia de enfermero podrá hacer la prueba de glucosa y utilizar la vía subcutánea para administrar insulina y heparina, siempre que la dosis y el seguimiento del tratamiento se realice por personal médico o de enfermería”, aunque el Juzgado de lo Social puntualiza al respecto que “salvo en estos supuestos, en el resto de los cometidos de sus facultades de colaboración se exige la presencia física del personal médico o de enfermería”.

El Juzgado de lo Social 2 concluye que “al igual que en otras sentencias que se han citado, es claro que el personal con categoría de gerocultor/a colocan y preparan la medicación en el turno de noche porque no hay enfermeras de presencia física; luego no concurre la supervisión, sin que la posibilidad de consultar telefónicamente pueda equipararse a una supervisión eficaz de la medicación suministrada, que no se contempla con pautas e instrucciones por escrito”.

Gerocultoras ‘para todo

El Sector de Dependencia de la federación de UGT-Servicios Públicos se congratula de esta nueva sentencia “que condena una realidad muy habitual, que las gerocultoras tengan que hacer de todo e incluso actuar como personal de enfermería sin la supervisión presencial de un verdadero profesional sanitario”.

“Es un simple ejemplo de la situación laboral que sufren las gerocultoras, con un salario bajo, unas condiciones laborales muy precarias y una sobrecarga de trabajo que no cesa en la gran mayoría de las residencias de mayores”, agrega UGT.

El sindicato recuerda que en su momento rechazó firmar el convenio colectivo porque “asignaba a las gerocultoras un gran número de tareas que no las corresponde, incluidas las de limpieza, para que así las empresas se ahorraran costes y evitaran contratar a más personal”.

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