Editorial

España tiene sed de justicia e igualdad

{xtypo_dropcap}E{/xtypo_dropcap}spaña no tiene “sed de elecciones”: España tiene sed de justicia, igualdad y libertad -las ataduras con los bancos-.

Los españoles quieren que sus horas de sufrido trabajo -para quienes tienen trabajo- sirvan para algo más que para pagar, que su trabajo no se convierta en pírricos sueldos que se evaporan en engordar a los banqueros y a un estado que fagocita sus ingresos en forma de impuestos y apenas devuelve nada a cambio. Los españoles que no tienen trabajo quieren un trabajo.

Los españoles quieren gobernantes que sean capaces de gobernar con decisiones justas -ayudar a quien menos tiene y gravar a quien tiene más-, frente a “los mercados” o llevando la contraria a quien sea necesario, para lograr una sociedad más justa. Lo injusto es lo que sucede ahora: al que tiene problemas se le empuja más y más hacia el fondo.

Si para lograr justicia, igualdad y libertad es necesario poner “patas arriba” esta “democracia” de pandereta que sufrimos, pues quizá más temprano que tarde sea necesario hacerlo.
 
Es decir, los españoles tienen sed de que esta crisis, que fue creada por otros -la codicia desenfrenada- no afecte únicamente al español de a pie, que se queda sin trabajo o sufre para llegar a fin de mes con tanto gasto que sube y su sueldo no sube. Los españoles tienen sed de que con su dinero, con el dinero de todos los españoles, no se vuelva a pagar a los bancos ni a rescatar a un sistema financiero que después no devuelve nada y egoístamente “cierra el grifo” del crédito a particulares y empresas.
 
Los españoles tienen sed de un Estado que sea capaz de garantizar, como afirma la Constitución, el derecho a una vivienda digna y a un trabajo digno. España, por lo tanto, lleva años operando de espaldas a la Constitución. A día de hoy el sueño constitucional está cada vez más lejos, y cambiar de un partido gobernante a otro no parece ser una solución, porque son todos parecidos y ninguno trae intenciones de reformar profundamente todo el sistema. Si el verdadero cambio debe llegar, no será para saciar la “sed de elecciones”, sino que será para conseguir calmar la sed de justicia desde los ciudadanos y las iniciativas populares, que suelen ser siempre las más acertadas.

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