De Hollywood a Puertochico

Garbo, el misterio desaparecido

Escrito por Kilian Cruz Dunne

 

Más admirada que querida, a la par que distante, misteriosa, solitaria, pero sobre todo, divina. Veinte años después de su muerte, el mito de Greta Garbo, forjado en apenas dos décadas de interpretaciones (de 1921 a 1941), apenas sigue siendo hoy objeto de admiración y análisis.

Desde los 36 años que tenía cuando se retiró tras el relativo fracaso de ‘La mujer de las dos caras’, de George Cukor, hasta los 84, cuando falleció en un hospital de Nueva York, Garbo, nacida Greta Lovisa Gustaffson, se dedicó a su segunda carrera: convertirse en un misterio, en un agujero en la historia de Hollywood.

Su irrupción en Hollywood, tras cambiarse el nombre con el que nació en Suecia el 18 de septiembre de 1905, fue un giro radical respecto a la imagen que se potenciaba en el cine americano de los felices años veinte, con heroínas débiles en búsqueda de protección. Ubicada en una época donde el Séptimo Arte se replanetaba sus conceptos y sus formas artísticas, Garbo reflejaba activamente la ebullición intelectual de estos años al mismo tiempo que supo cimentar su carrera dentro de unos años de consolidación cinematográfica, donde se transita del cine como espectáculo al cine como arte.

Quien supo conducir mejor que ninguna otra actriz la transición del cine mudo (‘Demonio en la piel’) al sonoro, se consagró interpretando a mujeres con carácter y tendencia a la tragedia: Margarita Gautier, Anna Karenina, la reina Cristina de Suecia, la condesa polaca María Walewska… De indudable magnetismo y considerable inteligencia, la actriz supo reclamar para sí toda la importancia que en la narración melodramática puede tener el protagonista.

Fueron estas películas sonoras las que le hicieron famosa. La primera de ellas fue ‘Anna Christie’, donde los espectadores descubrieron por primera vez el encanto y ese componente andrógino que la acompañaría a lo largo de su vida. También ese año filmaría ‘Romance’, recibiendo una nominación a los premios Oscar. En los fecundos años treinta filmaría ‘Grand Hotel’ y ‘Mata Hari’; un año más tarde rodaría ‘ La Reina Cristina de Suecia’, todos ellos papeles muy escandalosos, cargados de mucho erotismo y bisexualidad para la época de la que estamos hablando.

Y si el cine mudo cimentó su carrera, fue el sonoro, con el descubrimiento de su grave voz, el que confirmó su estatus de estrella. “¡ La Garbo habla!” fue la frase de promoción de su primer filme hablado, Anna Christie, que le valió su primera nominación a un Oscar que sólo recibió honoríficamente en 1954. Con ‘Ninotchka’, la Metro Goldwyn Mayer intentaba reciclarla para la comedia -los carteles decían: “¡Garbo sonríe!”- pero el anguloso rostro de la actriz sueca se llevaba mejor con el llanto que con la risa.

Greta Garbo supo convertir su enigmática condición sexual en ventaja para su carrera, beneficiándose de la curiosidad y excitación que esto generaba, alimentándolo además con su confusión de género al hablar y vestir dentro y fuera de la pantalla grande. Greta Garbo estuvo cómoda tanto con mujeres (como la actriz Marlene Dietrich o la aristócrata Mercedes de Acosta) como con hombres, tanto homosexuales (el director artístico Cedric Gibbons) como heterosexuales (su gran amor, John Gilbert).

La Garbo fue, sin duda, una de las más conmovedoras y genuinas encarnaciones de la pasión amorosa en la pantalla grande, y para siempre han quedado en la historia del melodrama personajes como el de ‘El velo pintado’, ‘Susan Lennox’ o ‘Mata Hari’. En la cúspide de su popularidad, Garbo dejó el mundo del cine a los 36 años y vivió el resto de su vida en un apartamento de Nueva York, retirada y evitando cualquier contacto con los medios, sin acudir a fiestas ni a actos públicos.

El interés público hacia la bella actriz nunca desvaneció y los fotógrafos la asediaban constantemente. Una admiración basada en el misterio que siempre rodeó a la actriz, que lo fomentó con un aire frío y distante que la hizo ganarse el apelativo de “la que nunca se ríe”.

A los 75 años de celebrar la interpretación de uno de sus personajes más admirados, Ana Karenina, Greta Garbo permanece sumido en el olvido general y ni siquiera los cinéfilos están alertas a su figura. Esto sucede porque el cine contemporáneo no entiende ya de divinidades ni objetos de culto: ahora todo es blanco o negro, no soportamos el misterio.

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