La mirada fría

Por Kilian Cruz-Dunne

Aunque es pronto todavía, en noviembre se cumplen treinta años de su muerte, no puedo evitar hablar de él. Fue el máximo exponente del hombre de pocas palabras, modales bruscos y mirada fría: Steve McQueen.

Los comienzos del actor empezaron con una adolescencia que haría las delicias de un buen guionista de cine: pandillero y delincuente a pequeña escala, estuvo dos años en un reformatorio, a los 17 años se enroló en los Marines de la Armada norteamericana. Una vez licenciado, consiguió destacar entre cinco mil aspirantes y comenzó a estudiar en el mítico Actor’s Studio de Lee Strasberg.

Adquirió cierta relevancia en un medio que comenzaba a despuntar, la televisión, y, después de papeles sin pena ni gloria, consiguió su primer papel importante en ‘Los siete magníficos’ (1960). Su interpretación en ‘La gran evasión’ (1963) terminó por auparle en el estrellato de Hollywood.

La década de los sesenta fue suya: ‘Amores con un extraño’ (1964), ‘El rey del juego’ (1965) o su cinta favorita, ‘El caso de Thomas Crown’ (1968), quedan a la sombra de su soberbia interpretación en ‘Bullit’ (1968), uno de los mejores policíacos realizados en Hollywood en el turbulento cambio de década. Bajo la batuta de Peter Yates (‘Sospechoso’, ‘La casa de Carroll Street’), McQueen representa a un inusual policía, leal e insobornable, que sabe, incluso, dar las gracias.

Inquieto a la par que empedernido fumador, McQueen no se estancaba como actor y lograba superarse película a película: ‘Le Mans’ (1971), o cómo su obsesión por lo coches de carrera le permitía no tener dobles para las escenas peligrosas; ‘Junior Bonner’ (1972) o la historia de un vaquero pasado de moda que no encuentra su sitio en este confuso mundo
La era dorada de su filmografía empezó a decaer con el transcurso de los setenta (‘La huída’, ‘Papillón’, ‘El coloso en llamas). Steve McQueen se recluyó en sí mismo, al tiempo que el alcohol, el tabaco y los desórdenes alimenticios empezaban a hacer mella en su bello cuerpo. Abandonado e irreconocible, el tormentoso final de su matrimonio con una estrella del momento a quien conoció en el rodaje de la cinta de Sam Peckinpah, Ali McGraw (‘Love Story’), fue la puntilla de una carrera que daba tumbos (‘Cazador a sueldo’, ‘Tom Horn’).

Para la historia queda la famosa y larga secuencia -sin doblar- en la que huye de los nazis en una motocicleta con sidecar a través de la campiña francesa, en busca de un hueco en la alambrada de la frontera suiza, o su nominación al Oscar en ‘Las sandalias del pescador’ (1966). Para la leyenda queda la esencia de un tipo duro, desbordante en lo viril y masculino, al que muchos intentan imitar (Daniel ‘007′ Craig, Mark Whalberg, Matt Damon, Brad Pitt, Ben Affleck, Russell Crowe, Keanu Reeves, etc…) pero que se quedan cortos ante la atractiva impostura de Steve McQueen, su elegante y seductora mirada y una pose masculina que destila un conjunto de detalles eróticos que, como en otros casos, nos empuja a preferirle a él por su atractivo sexual más que por su habilidad interpretativa.

 En fin, un hombre de verdad, de los que nos hacen temblar.

David Laguillo

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David Laguillo (Torrelavega, 1975) es un periodista, escritor y fotógrafo español. Desde hace años ha publicado en medios de comunicación de ámbito nacional y local, tanto en publicaciones generalistas como especializadas. Como fotógrafo también ha ilustrado libros y artículos periodísticos. Más información en https://www.davidlaguillo.com/biografia