«Las noches etruscas» (Alejandro Garmón Izquierdo, Heracles y nosotros número 38)

«Las noches etruscas» (Alejandro Garmón Izquierdo, Heracles y nosotros número 38)

"Las noches etruscas" (Alejandro Garmón Izquierdo, Heracles y nosotros número 38)
«Las noches etruscas» (Alejandro Garmón Izquierdo, Heracles y nosotros número 38)

Poco más de veinte poemas integran este nuevo cuaderno de la colección «Heracles y nosotros» que mantiene y coordina el poeta Juan Ignacio González.

En estas «Noches etruscas» Alejandro Garmón Izquierdo (Bilbao, 1981) ―ganador del V Premio Internacional de Poesía Jovellanos-El Mejor Poema del Mundo con el poema «Alejandría» y autor de un excelente primer libro, Licencia de apertura (BajAmar editores, 2019)― vuelve la vista hacia el pasado y recrea con una voz y una perspectiva actuales mitos grecolatinos, aunque no solo, como veremos.

Sus poemas poseen una elegante dicción y un ritmo muy cuidado en el que se alternan versos imparisílabos de siete y once sílabas con alejandrinos de mayor empaque, como corresponde a la relectura de la tradición de la que provienen. En dicha relectura Héctor, herido de muerte, no piensa, como el canto homérico, en mantener su honor enfrentándose al pélida, sino en su esposa «y en los dulces secretos de tu lecho» ―gracias al amor parece, el milagro de la salvación es posible―.

Morfeo acoge en sus brazos a un Aquiles que reconocer haber «llegado agotado a tus orillas» después de tantas batallas contra dioses y hombres. La mayoría de estos poemas, de tono y atmosfera profundamente meditativos― tratan sobre la fugacidad de la vida, sobre la volatilidad de los propósitos y el cambio que la edad provoca en la percepción de las necesidades del ser humano. Cercana ya la muerte, los personajes que habitan en estos poemas hacen recuento y miran al pasado con una mezcla de benevolencia y aflicción, como en el poema titulado «Sit tibi terra levis»: «No quería escribir un epitafio, / tan solo deseaba seguir vivo / junto a todos aquellos que le amaron».

Otros parajes ―el río Elba, que riega la tierra de los vándalos; Norilsk, ciudad minera de Siberia o la ciudad india Sitalpur― sirven a Garmón Izquierdo para entonar su canto, un canto plagado de nostalgia y de sabiduría, pues de sabios es, como aconsejaba Séneca a Marcia, «recordar al espíritu que ame las cosas tal como si fueran a desaparecer, mejor dicho, como ya desapareciendo. Todo cuanto la suerte te ha dado poséelo como algo carente de garantía».

En suma, una poesía que, mirando al pasado, reflexiona sobre el presente, una poesía meditativa, con dominio del lenguaje, sin grandilocuencia, pero con hondura y eco, que merece ser leída, al menos, con el mismo entusiasmo con el que está escrita.

Carlos Alcorta

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