Los platos rotos
{xtypo_dropcap}L{/xtypo_dropcap}a sociedad está pagando los platos rotos de una fiesta en la que todos tenemos algo de culpa. Sin embargo, parece lícito recordar que el reparto de culpas no está siendo justo ni igualitario.
Mientras unos reciben bonus multimillonarios e indemnizaciones indecentes por dejar bancos y cajas en estado lamentable, otros apuran cada fin de mes para poder comer, para poder pagar los libros de texto de sus hijos, o para pagar la hipoteca y evitar el injusto desahucio.
Así las cosas, el ciudadano medio español está acosado por todas partes. Ahogado hasta la extenuación, el españolito medio tiene que luchar contra todas las subidas de sus gastos, mientras que los ingresos menguan o incluso desaparecen. En esta tesitura, las explosiones espontáneas de descontento, que surgen cada dos por tres con diferentes nombres (25-S, 15-M, etc.) no son más que un lógico reflejo de una sensación generalizada de hartazgo.
No se debe menospreciar el sentimiento de hartazgo, porque ese sentimiento puede llevar a que, en algún momento, los protagonistas se nieguen a pagar la factura de los platos rotos.
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