Molesto hormigueo

 Lo confieso, no entiendo el éxito (un once por ciento es un éxito en Cuatro) de Pablo Motos y su Hormiguero. La verdad es que tenía interés en que me gustara, porque como escuchante, fui duro con él cuando sustituyó a mis adorados Gomaespuma en M-80: no le dí ni una oportunidad y en un ejercicio de reconocimiento de mi edad, o tal vez de mi madurez, me pasé a programas de esos de tertulianos, que son mucho más divertidos que los de humor auque sin pretenderlo. El caso es que no puedo con ello, señores. Lo llevo intentando desde que empezaron y es que no le veo la gracia por ninguna parte, salvo por las dos hormigas de peluche que me parece lo único valioso del programa. Me parece un mal monologuista además de un tío sin gracia y el ritmo que imprime al programa quiere ser tan ágil que acaba siendo molestamente frenético. Los invitados asisten con su mejor sonrisa a este despliegue de actividad, parecen muchos de ellos preguntarse que demonios hacen ahí si a ellos lo que les interesa es hablar de su peli, su disco, su libro o su programa y no asistir a los patéticos experimentos del tal Flipi, que tanto daño está haciendo a los profesores de Ciencias. Ahora que lo pienso, sí que me reí una vez: fue cuando llevó a los Jonas Brothers y quiso llevar la entrevista por el morbillo de unos chavales que dicen querer mantenerse vírgenes hasta el matrimonio por cuestiones de fe. Uno de los mozalbetes, claramente molesto por el cariz que tomaba la cosa, le dió un pase de pecho antológico negándose a hablar de esos temas y pidiendo que la charla se centrara más en su trabajo. Le dejó con una cara de descolocado tal, que me dió la risa, acrecentada cuando me di cuenta que Motos no tenía más preguntas profesionales para los chavales, que cara de pasarlo mal ponía el pobre… Pero no hay que cargar las tintas con el presentador, al fin y al cabo solo quiere hacer un programa de entretenimiento (que aunque a mí me aburra parece que gusta) y de humor (que aunque a mí no me haga ni sonreir, parece que hace gracia), por mal que me caiga el hombre desde que le vi utilizar en tono supuestamente humorístico, un arma de fuego para disparar a un tío disfrazado de tuno o contestar de forma grosera en una entrevistaa Pilar Rubio, la reportera morena de Se lo que hicísteis. Y esto último es un delito muy grave, amigos.