Odio y rabia

Por Raúl Liaño Garallar, delegado comarcal de CC OO en Torrelavega

Raúl Liaño Garallar{xtypo_dropcap}H{/xtypo_dropcap}ace un par de semanas que comencé mis vacaciones con el firme propósito de aparcar y olvidarme un poco de todas mis responsabilidades y obligaciones laborales, amén de desconectarme de la triste actualidad informativa y de mi actividad en las redes sociales. Me planteé este objetivo para poder dedicarme por entero a mi familia y a mí y, por supuesto, para cargar energías y fuerzas de cara a, como ya se preveía, un final de verano y un otoño muy intensos, de reivindicaciones y luchas sindicales por nuestros derechos laborales y sociales.

Más o menos, conseguí mi propósito hasta el pasado viernes, cuando las huestes de este gobierno ilegítimo consiguió cabrearme hasta unos límites que no recuerdo haber sentido antes. Me hizo tener un sentimiento que va más allá del cabreo: sentí odio y rabia, mucha rabia. Odio a tanto canalla, rabia ante tanta mentira, odio a tanto patán, rabia ante tanta injusticia, odio a tanto manipulador, rabia ante tanto manipulado, odio a tanto prepotente, rabia ante tanta soberbia, odio a tanto salvapatria, rabia ante tanto patriotismo de pacotilla, odio hacia quienes quieren «que nos jodamos» y lo celebran, rabia ante tantos «jodidos» que no se dan cuenta que les «están jodiendo» y les quieren «joder» más. Odio al sistema.

Son sentimientos que se han apoderado de mi, y creo que de millones de ciudadanos en este país. Mi primera intención fue ponerme a escribir, como ejercicio de desahogo que me suele funcionar y para relajarme un poco. Pero mi instinto reflexivo me hizo darme cuenta que no era el mejor momento, por la carga de exabruptos y violencia lingüística que podía descargar con mi gruesa prosa. Por eso, decidí dejar pasar por lo menos el fin de semana, que me ha servido para digerir y analizar mejor todo lo que estaba aconteciendo, y a la vez, para conocer los detalles del atraco a través de la prensa extranjera, puesto que, como ya nos tienen acostumbrados, este gobierno embustero ocultó información a los ciudadanos a los que tanto engaña y desprecia.

La conclusión a la que he llegado, tras estos días rumiando y recapacitando, es que si queremos sobrevivir y no acabar como en Grecia, o peor, debemos pasar al ataque. Y cuando hablo de ataque quiero decir que utilicemos las armas democráticas que todavía tenemos en nuestra democracia imperfecta e incompleta. Me refiero a conseguir la reconquista, por parte de la ciudadanía, de la soberanía que le pertenece por justicia y equidad, y que nos está siendo sustraída. Es la definición de democracia. Y a día de hoy, en nuestro país se ha producido una estafa a la democracia y hay un gobierno ilegítimo. Es la segunda vez en este artículo que utilizo este adjetivo para definir al ejecutivo. Y lo hago apoyándome en dos razones principales, aunque hay más:

1ª/ El PP llegó al Gobierno engañando a la ciudadanía con un programa electoral antagónico al que está llevando a cabo.

2ª/ El sistema electoral es injusto desde su concepción. Y quiero recalcar que, en mi opinión, siendo esto un déficit democrático importante, tiene menos gravedad que el engaño. A pesar de que la injusticia del sistema es tan sangrante que hace que el partido gobernante aplique una mayoría absoluta aplastante en el Congreso, a pesar de que haya obtenido menos del 40% de los votos, habiéndoles votado 3 de cada 10 ciudadanos con derecho a voto. Siguiendo con este análisis, ¿cuántos les votarían después de ver sólo una pequeña parte de su auténtico programa?

Por la ilegitimidad y por la extrema gravedad de la situación que estamos sufriendo, se hace imprescindible que toda la ciudadanía tome la calle. Porque nos afecta al 99%: funcionarios, desempleados, activos, jóvenes, jubilados, autónomos, empresarios de Pymes, …

También es necesario que se cree un gran frente político y social común, que haga todo lo posible para recuperar la democracia secuestrada. Y tiene que empezar por desbancar al PP en todos los ayuntamientos y comunidades autónomas en donde no tengan mayoría absoluta y se puedan conseguir pactos, aunque sea de mínimos, entre todos los partidos que crean en la necesidad de una restauración (PP y PSOE utilizaron este argumento para gobernar el País Vasco).

En cuanto a la parte que más me toca, desde mi humilde opinión, los sindicatos debemos olvidarnos ya, mientras no depongan sus políticas y sus formas, de lo que llamamos diálogo social con el gobierno. Creo que en las circunstancias actuales se hace imposible la negociación y los pactos que han dado tan buenos frutos desde hace muchos años para el conjunto de todos los trabajadores de este país, y que han alcanzado muchos ámbitos de actuación. Y es que; si lo analizamos en el contexto que estamos viviendo; los planes de empleo, pactos de crecimiento y estabilidad, etc, no sirven de nada cuando todas las medidas económicas y sociales que toman los distintos gobiernos dejan inertes cualquier conjunto de buenas ideas e intenciones que planteemos desde la representación de los trabajadores. A ello debemos sumar la actitud de desprecio total mostrada por el ejecutivo central a los sindicatos, a los que no ha escuchado en ningún momento. Y sirva como ejemplo el «detalle» de informar a la representación de los trabajadores por teléfono, sobre el contenido de la reforma laboral más salvaje contra los derechos de los trabajadores en la historia de la democracia.

Utilizando el mismo lenguaje y los mismos argumentos de los estafadores, pero en este caso para decir una verdad: «no nos queda otra alternativa», «es la única salida», «nuestra única opción», «aunque no nos guste, no nos queda otra elección», «nos obligan a tomar estas medidas». Porque nos hacen sentir odio y rabia. Y ese odio y esa rabia los debemos que canalizar hacia la unión de toda la ciudadanía por recuperar lo que es nuestro.

Y si no actuamos todos juntos el final está claro: se saldrán con la suya los ilegítimos y embaucadores, y para los que gobiernan: su casta, su clase, el 1%. ¿Te quedó claro, el pasado viernes, que quieren para el resto? Quieren «que nos jodamos».

De momento, lo están consiguiendo. Por eso lo celebraban, y jaleaban al canalla supremo.

¿Puede el 1% vencer al 99%? De ti depende, de todos depende.

 

David Laguillo

https://www.cantabriadiario.com

David Laguillo (Torrelavega, 1975) es un periodista, escritor y fotógrafo español. Desde hace años ha publicado en medios de comunicación de ámbito nacional y local, tanto en publicaciones generalistas como especializadas. Como fotógrafo también ha ilustrado libros y artículos periodísticos. Más información en https://www.davidlaguillo.com/biografia