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Sergio Martínez: «En las novelas históricas hay que encontrar el punto medio entre el lenguaje de la época y el actual»

Sergio Martínez, autor de «La ciudad enfurecida» (Grijalbo, 2021) / Foto (C) David Laguillo
Sergio Martínez, autor de «La ciudad enfurecida» (Grijalbo, 2021) / Foto (C) David Laguillo

ENTREVISTA | «LA CIUDAD ENFURECIDA» (Sergio Martínez, Grijalbo, 2021)

 

Sergio Martínez, autor de «La ciudad enfurecida» (Grijalbo, 2021) / Foto (C) David Laguillo

Sergio Martínez, autor de «La ciudad enfurecida» (Grijalbo, 2021) / Foto (C) David Laguillo

David Laguillo, Santander, 5 de marzo de 2021-. La novela histórica está en boga, los títulos de este género literario copan las listas de mayores éxitos de ventas y eso favorece la aparición de nuevos títulos que evocan hechos históricos no siempre muy conocidos por el gran público. Es el caso de la novela «La ciudad enfurecida», el segundo libro del cántabro Sergio Martínez (Santander, 1975), una obra que relata la guerra de la Navarrería, un episodio poco conocido de nuestra historia medieval. El libro acaba de ser publicado por la editorial Grijalbo, del grupo Penguin.

-Cuéntanos un poco cómo te surge la idea de escribir libros de ficción histórica

Al principio no tenía en mente empezar con la narrativa, siempre había escrito artículos académicos y trabajos de investigación, pero de repente llegué a la historia de Magallanes y Elcano, y me apasionó gracias al libro de Stefan Zweig ‘Magallanes. El hombre y su gesta’, y también gracias al propio manuscrito de Antonio Pigafetta, que participó en aquel viaje. La historia que contaban era tan emocionante que me dieron ganas de contar esa historia en forma de novela, pero sin centrarme en Magallanes y Elcano, inventándome personajes nuevos.

-¿Cómo se las arregla un investigador y docente de la Universidad de Cantabria para combinar una historia que sea verídica con la ficción?

Lo primero es leer mucho, empaparse bien de todas las fuentes que existen sobre el tema, y una vez que eres capaz de crear el marco general de la historia con una estructura en la que los hechos están bien reflejados, lo que tienes que hacer es crear una buena trama narrativa, que haga que el lector no pueda soltar el libro de sus manos, con personajes que resulten emocionantes para el lector.

-¿Cómo distingue el lector lo que es verídico y lo que es inventado?

No sé si el lector en todo momento necesita saber exactamente si lo que está leyendo es una cosa verdadera o no. Hay lectores que sí quieren saber si lo que leen es real o no, pero creo que cuando estás leyendo una novela te das cuenta de que hay personajes que son ficción, generalmente los personajes del pueblo porque no te vas a inventar un rey o un navegador como Magallanes.

-Desde la mentalidad de una persona del siglo XXI ¿cómo te pones en la mente de personajes de la edad media?

Es bastante difícil porque tienes que tratar de entender cómo funcionaba la mente de esas personas en ese momento e incluso su forma de hablar, no es muy sencillo, tienes que leer mucho y ver ejemplos de otros novelistas. Llevar tu mente muchos siglos atrás y ver las estructuras sociales que existían, como en «La ciudad enfurecida», que muestra una Pamplona tan distinta que tienes que tratar de comprender su mundo.

-¿Esta novela tiene algo del mito de Romeo y Julieta?

En cierto modo sí, aunque no responde al mismo patrón pero se trata de una historia de amor entre dos personas que están tratando de luchar porque todo el torbellino de odios y rencillas a su alrededor no les afecte porque lo que quieren es vivir su amor, pero la ciudad va a caer en una situación de violencia tal, que para ellos al final va a ser imposible librarse de ese ambiente.

-¿Qué puntos de interés tiene esta novela para los lectores?

Es una historia doble, en la cual vamos a ver una historia de ambición y de lucha por el poder con los gobernadores de Navarra, la Reina Blanca y los reyes de otros reinos que van a tratar de hacerse con el trono de Navarra. Y luego una historia de amor y de supervivencia. Creo que a los lectores también les va a interesar el personaje del poeta Guilhem Anelier que estuvo implicado en el conflicto de la Navarrería y hace de nexo entre el ámbito de los poderosos con el ámbito del pueblo. La novela está contada con la voz de siete narradores, el lector no va a saber realmente qué es lo que pasó, sino cómo se lo cuentan los diferentes protagonistas, no tiene nada que ver cómo ve cada uno las cosas.

-¿Te han ofrecido llevar tus novelas al cine o la televisión?

De momento no porque es un proceso un poco más lento, puede ser que aparezca alguna oferta cuando la novela alcance éxito. Creo que tiene los ingredientes para una buena serie o una película.

-Huyes del lenguaje engolado y altisonante que hace años se solía atribuir a la época medieval ¿por qué?

Creo que en las novelas históricas hay que tratar de encontrar el punto medio entre el lenguaje de la época retratada y el actual. Si escribiésemos como en la Edad Media apenas se entendería lo escrito, o bien al lector le resultaría pesado tener que leer de continuo expresiones trasnochadas o giros demasiado rebuscados. Por otra parte, debemos huir de expresiones que resulten demasiado modernas y que al lector le saquen de la novela. No es un trabajo fácil pero resulta fundamental para que el conjunto del libro sea redondo.

-Abundan los diálogos durante toda la novela: ¿es más ágil, una elección artística voluntaria o simple coincidencia?

El diálogo te coloca al nivel de las personas que hablan, te obliga a pensar y a manifestarte como lo harían ellas y, por tanto, resulta más natural. Cuando abundan las descripciones o los pasajes sin diálogo se puede caer con cierta facilidad en un enfoque académico: tratar de mostrar lo que ocurría desde una óptica actual y «explicar» en vez de «narrar». A mí me gustan mucho los diálogos y procuro, además, que suenen como lo harían entre dos o más personas normales, con expresiones de la calle, si es necesario, o incluso hablando a trompicones o interrumpiéndose.

-¿La traición tiene más poder que la lealtad?

Los lazos de lealtad son muy frágiles, porque no siempre es sencillo mantener la palabra dada cuando las circunstancias han cambiado. En el caso de la novela, prácticamente todos los personajes se van a ver sometidos a fuertes presiones que harán muy complicado que mantengan las lealtades prometidas. Algunos van a llevar muy mal sus traiciones (les corroerá la conciencia), mientras que otros serán capaces de sobreponerse o incluso convencerse de que actúan bien. Esto es muy habitual tanto entonces como ahora: cuando queremos hacer algo nos vienen a la cabeza como por ensalmo todos los motivos que justifican nuestra elección.

Sergio Martínez, autor de «La ciudad enfurecida» (Grijalbo, 2021) / Foto (C) David Laguillo

Sergio Martínez, autor de «La ciudad enfurecida» (Grijalbo, 2021) / Foto (C) David Laguillo

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