Tartufo en Polanco

Por Jesús García Díaz, coordinador del Proyecto de Restauración Natural del Pozo Tremeo y su entorno (2002-2003)

Jesús García{xtypo_dropcap}T{/xtypo_dropcap}odo un premio a la interpretación habría que otorgar a los mandatarios de Polanco por la comedia bufa que están poniendo en escena. El anuncio de su investigación sobre el destrozo de arbolado en Pozo Tremeo, en Rumoroso, y la ceremonia con la que pretenden escabullirse de sus responsabilidades, tuviera su sarcástica recompensa.

La tala de árboles en el bosque de Tremeo -y no me refiero a los eucaliptos de las fincas que se encuentran por encima- ha dejado un escenario dantesco de robles cortados, arbolillos arrancados, tierras removidas y toda la regeneración del bosque nativo que estaba en pleno desarrollo como la Llanura Panónica tras el paso de las huestes de Atila.

Una corta de eucalipto cuya licencia se había concedido en octubre de 2010 según las fuentes municipales ha extendido sus miras y campo de devastación hacia otros terrenos contiguos que, situados sobre el singularísimo Pozo Tremeo, sustentan un bosque protector que abraza las laderas más inestables que bordean al lago.

Hacía ya varios días que el Gobierno Local polanquino sabía del destrozo que se estaba haciendo en el monte. Y lo sabía tanto por denuncias de vecinos del lugar como por comentarios de funcionarios municipales que se habían percatado de ello sobre el terreno.

A partir de ahí más de dos decenas de llamadas telefónicas a la concejala de Medio Ambiente no tuvieron respuesta alguna, y el Alcalde no ha dado la cara (ha tomado unas vacaciones-sorpresa) ante los grupos de oposición que se han interesado por el tema. Eso sí: para mandar anuncios a la Prensa las vacaciones no le inhabilitan tanto.

La liturgia de confusión a la que están entregados quienes pudieron y debieron evitar este desastre ambiental es tal que la licencia de la que nadie sabía nada en las dependencias municipales el miércoles pasado resulta que estaba concedida hacía más de 10 meses.

¿Quién concedió la licencia? ¿Quién concedió la prórroga de la misma pasados los seis meses sin ejecutarse? ¿Existía autorización previa de Montes? ¿Quién supervisó los trabajos?.

En el colmo de la hipocresía se manda a un empleado municipal a «comprobar» lo que es de sobra conocido y se «abre una investigación» para averiguar quien es el responsable de los hechos, como si la licencia solicitada hubiera tenido un destinatario anónimo. Y para más desfachatez ni siquiera se ha personado el Ayuntamiento ante la Consejería que está tramitando el expediente de declaración de Espacio Protegido (ANEI) para poner en su conocimiento lo sucedido.

Entretanto, otras instancias como el SEPRONA ya están preparando sus informes y diligencias, y algunos, como el que estas líneas firma, rebuscan en su indignación cuanto esté de su mano para que los autores materiales paguen tan caro como es el destrozo y los responsables pasivos sean despojados de sus teatrales caretas de sinvergüenzas.

 

David Laguillo

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David Laguillo (Torrelavega, 1975) es un periodista, escritor y fotógrafo español. Desde hace años ha publicado en medios de comunicación de ámbito nacional y local, tanto en publicaciones generalistas como especializadas. Como fotógrafo también ha ilustrado libros y artículos periodísticos. Más información en https://www.davidlaguillo.com/biografia