Editorial

Un parado, dos parados, tres parados…

925 millones de personas sufren hambre en el mundo / Foto: Bizarr/PhotoXpress.com

925 millones de personas sufren hambre en el mundo / Foto: Bizarr/PhotoXpress.com{xtypo_dropcap}Y{/xtypo_dropcap} así hasta el infinito, o quizá algo menos, pero sin duda una cifra demasiado alta y que aumenta vertiginosamente. Y del paro a la marginación, la fina línea que separa ambos mundos se muestra cada vez más difusa, trémula y plagada de inseguridad y temor para las víctimas.

Nuestros gobernantes, cuando valoran las cifras del desempleo, a veces da la sensación de que cuentan a los parados como si fueran habichuelas -al igual que sugiere el título ‘Un parado, dos parados, tres parados’-, pero las habichuelas no tienen nombre y apellido.

Curiosamente, del puzle que forma la sociedad, van quedando espacios en negro a raíz de las piezas que faltan en ese rompecabezas. Piezas que tienen nombre y apellidos y no pueden contarse como si fueran amarracos del mus o habichuelas. Ni mucho menos usar las encuestas, cuando salen positivas y ‘baja’ el desempleo, para ‘apuntarse tantos’, ya que tan pírrico éxito se ensombrece con el fracaso de ver la incapacidad de solucionar el resto que aún engrosan día a día la población de ese otro mundo, situado en límites cercanos o en claro coqueteo con lo marginal.
 
Pero cuantos más huecos vacíos existan en ese puzle, la sensación de justicia será más amargamente irreal y falsa. Y los huecos aumentan cada día más, en una espiral creciente agudizada por la tristemente famosa ‘crisis’. La perversa maquinaria del mundo va empujando al fondo a miles de ciudadanos, y muchos de ellos antes gozaban, desde el otro lado de la barrera, de un pequeño puesto en ‘la otra parte’ de la sociedad, aquella parte que forma el puzle que dispone de techo, comida y ropa.
Por un pequeño revés del destino, esa fina línea que separa ambos mundos puede rebasarse en cualquier momento, y entonces quizá sufriremos más viendo cómo los gobernantes cuentan a los parados, cosificándolos detrás de las cifras.

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