Opinión / Tribuna libre

Ya llegan las navidades, fun, fun, fun

Elena Hernández Lauffer

Por Elena Hernández Lauffer

Elena Hernández Lauffer{xtypo_dropcap}L{/xtypo_dropcap}as bicicletas… son para el verano. Las navidades…son para los ricos. Y los políticos claro, que viene a ser lo mismo.

Es decir, que lo que se supone son “nuestras”  (por la gran tradición) fiestas viene hoy día a convertirse en desgracia aún más si cabe para todos esos hogares en donde pasar el día a día se convierte en ardua tarea. Siempre existirá el despilfarrador, ese al que nunca le ha faltado que llevarse a la boca, el desaprensivo, ese que jamás volvió la cabeza para ver si tiene para comer el vecino, el usurero, quien se llevará para la tumba su asqueroso dinero. Pero ya lo dice el libro más famoso de todos los tiempos, que bien difícil es que entre un rico en el reino de los cielos.
Mientras esperamos para la llegada de ese reino, en este, donde habitamos, reinan unos cuantos con bolsillos abultados mientras el resto del mundo menguamos poco a poco. No me refiero ya a este País lleno de pupa, sino a nuestro mundo por entero, gobernado por hombres, que ya lo dicen, que los que ostentaron más poder responden a perfiles psicopáticos.
Los demás debemos ser semi-gilipollas por permitirlo y claro, así nos va ahora que el mundo está despertando.

Es difícil vivir con el sentimiento de impotencia, de rabia y de no poder hacer nada, o casi nada, por eso para intentar apaciguarlo podemos en estas fechas que tanto lo agradecen cambiar tales sentimientos negativos por otros plenos y que llenan la vida como la solidaridad. La solidaridad por los que no tienen, por los que pasan frío, los que están solos. No es necesario el dinero para ser solidario. Muchos de los que vemos a diario enteramente agrios y sin nada dulce, jamás (se presiente) han regalado a nadie una sonrisa.¿Podrían hacerlo verdad? Y esos que van con más prisas que el conejito de Alicia en el país de las Maravillas, podrían ver un día la maravillosa experiencia que es dedicar un poco de tu tiempo a los demás. Esos que derraman champagne en especie de bacanales pijoflaúticas diurnas estaría bien que probasen algún día lo que es caminar siete kilómetros para obtener agua sucia que llevarte a la boca.

Podríamos cada uno de nosotros hacernos el propósito estas navidades de hacer algo bonito de verdad, algo que impida que nuestro corazón se pudra en hastío y agotamiento ante tanto problema. Después podríamos escribir una bonita columna sobre aquello que hayamos hecho cada uno de nosotros. Sirva como ejemplo el policía grabado en EEUU poniéndole unas botas nuevas a un indigente descalzo.
Os animo desde estas líneas a que hagamos mejor estas navidades para todos con un bonito gesto y a que lo compartáis y nos lo contéis en los comentarios de Facebook bajo este artículo.
Feliz Navidad.

 

 

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