Editorial

Del capitalismo al malthusianismo

Thomas Malthus

Thomas Malthus{xtypo_dropcap}L{/xtypo_dropcap}a ola de recortes que arrasa Europa deja un triste, lamentable y vergonzante panorama de cómo el sistema muta del capitalismo -salvaje y sin cortapisas morales o éticas de ningún tipo- a una forma de interpretar el exceso de población, ligada íntimamente al malthusianismo, justificando medidas en base a la carencia de recursos.

La teoría de Malthus era distinta, por supuesto, pero sí podría interpretarse que a través del adelgazamiento estatal y los recortes sobre las clases más desfavorecidas, se induce a una parte de la población a la marginalidad y se les expone a riesgo de muerte.

En este contexto, en el que se priorizan las finanzas sobre las personas, se viven día tras día los desahucios de personas de sus casas mientras que, al mismo tiempo, el gobierno da dinero público a los mismos bancos que echan a la gente a la calle.

Guerras, hambrunas o enfermedades, son todas ellas herramientas de exclusión social y, sobre todo, excelentes métodos de reducción de población. {xtypo_quote_right}La vida humana hasta la vejez no es “rentable”{/xtypo_quote_right}

La gente que sobra (ancianos, enfermos, inadaptados y pobres) puede ser “retirada” -apartada del sistema- de diferentes formas, no solo eliminación directa (hoy el “neolenguaje” usaría la palabra “ajuste” en lugar de “eliminación”) y activa, sino también de forma pasiva: esto es, poniendo cada vez más difícil su acceso a los servicios básicos como la salud o la imposibilidad de tener una vivienda segura. Las personas pueden ser diezmadas de forma pasiva, eliminando los recursos que sustentan su frágil vida diaria.

{xtypo_quote_left}Las personas pueden ser diezmadas de forma pasiva, eliminando los recursos que sustentan su frágil vida diaria{/xtypo_quote_left}

Así, eliminando o reduciendo hasta la mínima expresión los servicios prestados por el Estado al ciudadano, este se ve obligado a suplir las carencias con la oferta privada, o directamente sufrir las carencias de estos servicios al no poder, en muchos casos, hacer frente a los gastos adicionales. Poniendo así su vida, en el caso de las reducciones en temas de salud, vivienda o sustento alimentario básico, en peligro.

La vida humana hasta la vejez no es “rentable”

Hoy no se apuesta -al menos todavía- por los medios ni afirmaciones tan radicales que empleaba Malthus sobre “los pobres”, pero sí se están realizando de forma más sutil determinados cambios que, analizados, resultan escalofriantes por la vertiente de exclusión que conllevan.

En términos económicos -estrictamente económicos- la larga esperanza de vida es un problema. Así lo dijo, sin reparo, la presidenta del FMI, en un discurso que interpretamos como una revisión histórica del malthusianismo, aplicado sobre las personas que “sobran” del sistema al carecer de recursos económicos para sostener su futuro en un mundo dominado por las finanzas y sin intervención protectora del Estado sobre sus ciudadanos.

El capitalismo, de esta forma, evoluciona hasta formas más groseras de selección natural, en las que la brecha entre ricos y pobres es cada vez más amplia. Y el Estado actúa, siempre, como represor del ciudadano y del lado ganador que es el de las finanzas.

 

 

 

 

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