Opinión / Tribuna libre

El mercado laboral

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Escrito por Juan Manuel Ruiz Gutiérrez

Secretario General, Juventudes Socialistas de Polanco

Juan Manuel Ruiz Gutiérrez

M

irando la crisis desde un prisma objetivo, en lo que todo el mundo está de acuerdo que es el momento de hablar de cómo dinamizamos el mercado laboral, de una forma valiente, haciendo propuestas concretas que se plasmen en objetivos “S.M.A.R.T”: específicos, medibles, alcanzables, reales y temporales.

Los ciudadanos y ciudadanas reclamamos resultados y rechazamos todo aquel debate que no discuta de lo realmente transcendente. Algunos piensan más en sus propios réditos político-personales que en los cuatro millones de parados que España tiene a sus espaldas. Es inconcebible que algún alto dirigente político comente que “no son los demás quienes deben sacar a Zapatero de este atolladero, sino que debe ser Zapatero quien nos saque”.

Este tipo de manifestaciones ponen en entredicho la profesionalidad de quien las menta y se esconden detrás de una bandera con el convencimiento de ser un patriota, sin pararse a pensar dos cuestiones fundamentales: la primera es que vivimos en una democracia donde el elemento fundamental es el diálogo y la fortaleza de llegar a consensos comunes para afrontar los problemas que afectan directamente a los ciudadanos y ciudadanas. Esto se llama responsabilidad. Y segundo, la cuestión no es ayudar a Zapatero, si no ayudar a España, porque el problema es de todos, aunque el origen es muy singular.

Pero antes de mirar al futuro pensemos en el pasado, en este origen tan singular, donde una cosa es tangible y transparente: la derecha de este país no ha sabido asentar las bases para un futuro sostenible cuando la economía era alcista. Pensó que era más productivo subirse al carro liberalizando el suelo, y así potenciando la especulación y el enriquecimiento a corto plazo, llevándonos hacia una muerte segura y haciendo de España uno de los países más sensibles a la crisis. Este tipo de lecciones nos debe enseñar que, para casos como el de las pensiones, hay que ir 15 años por delante para que no tengamos en el futuro un cataclismo social. Pero también creo que ahora no es acertado abrir un debate que nos desvíe la atención de lo que es realmente prioritario.

Por lo tanto, hay que intentar abstraerse de los grupos conservadores de la Unión Europea que tanto influyen a la hora de ejercer nuestra presidencia. Los jóvenes queremos un futuro de oportunidades, queremos trabajar y queremos adquirir nuestra propia vivienda, huyendo de los actuales estereotipos formados por las múltiples zancadillas que la crisis nos ha proporcionado. Exigimos como prioridad la aplicación de medidas para afrontar de forma decidida la dinamización del mercado laboral sin reducir un ápice los derechos de los trabajadores porque, al final, siempre pagan las consecuencias los más vulnerables. Los jóvenes buscamos un futuro estable a lo cual no ayuda nada la sucesión de contratos basura durante un tiempo ilimitado, no pudiendo hacer frente a la adquisición de una vivienda, el sueño buscado por cualquier joven que lleva varios años trabajando, como así dice la pirámide de Maslow, donde primero sacias tus necesidades básicas y luego buscas otros retos. Durante estos días estamos presenciando cómo los constructores urgen ayudas para el sector de la vivienda o vaticinan un cataclismo económico.

Es verdad que el construir viviendas como churros sin un plan a largo plazo que debería haber adecuado la oferta a la demanda, prefiriendo ir degustando la golosina del dinero fácil y rápido, todo ello avalado y financiado por los bancos y cajas, ha sido el factor determinante para que estalle con más fuerza la crisis en nuestro país, pero no es menos cierto que es un sector enfermo que necesita ayuda y, por lo tanto, hay que prestarle la máxima atención para conseguir que florezca pero sin que vuelva a ser pieza fundamental de la económica española. Y por consiguiente, a modo de reflexión, dejo en el aire la siguiente pregunta: los bancos y cajas que llevaron a cabo estas políticas neoliberales, los mismos que se encuentran ahora con ayudas del gobierno, ¿deberían ser gestionados desde el Estado y no de forma privada? Volviendo al mercado laboral y basándonos en la batería de medidas que ha propuesto el gobierno, los jóvenes apostamos por aumentar las inspecciones de trabajo para controlar las contrataciones temporales injustificadas. Pero para ello las instituciones públicas deben ser más dinámicas y productivas, no favoreciendo tanto a las empresas de trabajo temporal y realizando una apuesta más decidida por unos Servicios Públicos de Empleo donde tengan constancia de la realidad laboral, dando una respuesta rápida a las empresas que reclamen una contratación y tratando más justamente a todo aquel que está en una situación difícil como es conocer el paro desde dentro.

Y en esta línea, los jóvenes queremos que se mejore la prestación social de los contratos de formación para que se pueda generar derecho a la cobertura de desempleo. Además, los ERES, herramienta fundamental para luchar contra la crisis sin dañar los derechos de los trabajadores, como polo opuesto a la política del decretazo del Señor Aznar, es un concepto que el Estado no puede mantener indefinidamente debido a su alto coste, y lo más importante, que en algunos casos va concatenado con el despido. En estos casos hay que intentar llevar a cabo la reducción de jornada como ajuste temporal del empleo, sin llegar a sufrir el despido. También es importante bajar el porcentaje de absentismo, un punto básico que va ligado, en mi opinión, a un cambio cultural empresarial donde al empleado se le respete y se le valore, eliminado el concepto hombre-máquina.

Y por último, debemos aprovechar las actuales circunstancias para incluir en el mismo paquete de medidas la igualdad entre hombres y mujeres respecto al concepto salarial, donde hay diferencias del 20%. Por lo tanto, se tienen que tomar medidas urgentes para mejorar la situación de nuestro mercado laboral, incentivando el empleo, protegiendo los derechos de los trabajadores, escuchando y debatiendo medidas en el marco de la “Mesa del Diálogo Social” y no imponiéndolas unilateralmente, yendo de la mano de los agentes sociales, llegando a consensos con las diferentes fuerzas políticas que crean que estamos en el tiempo del trabajo responsable haciendo políticas con mayúsculas, siempre pensando y trabajando para y por el ciudadano. Reclamamos un gran pacto de Estado, porque la situación no admite más demoras y contratiempos.

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