En la orilla del río

{xtypo_dropcap}D{/xtypo_dropcap}esde este momento en que se escriben estas líneas hasta que llegue la hora de las elecciones, es altamente probable que veamos nacer casi como de la nada, nacidas de una semilla o por generación espontánea, nuevas publicaciones con fecha de caducidad pactada de antemano.

Estos nuevos gastos de papel -o desperdicios, según se mire-, tienen el único objetivo de influir sobre la opinión pública, por supuesto siempre a favor de quien financia el proyecto, sea el bando que sea.

Suelen nacer, con más o menos ruido, en la orilla del río para desde allí navegar contra o a favor de corriente. Estas publicaciones pueden ser consideradas “flores de un día” -o de unos meses-, ya que siempre nacen con una fecha clara de caducidad marcada después de las elecciones. Como mucho un mes o dos después, echan el cierre.

Desde la orilla del río pueden intentar incordiar, poco o mucho, pero la mayoría de las veces tienen muy poco efecto, porque desde la orilla sin mojarse mucho, se puede conseguir muy poco.

Cortar la flor y arrancarla de la orilla del río es normal porque después de las elecciones ya finalizaron su labor, aunque no tuvieran éxito en su intento de influenciar al votante, pero consiguieron llenar la calle con papel manchado de letras, siempre a favor de una misma corriente que para algo es quien paga.

Como la luna que riela en el río, mostrando el reflejo de una flor de la orilla, el pálido reflejo de estas publicaciones pocas veces consigue cuajar en la ciudadanía y en muy escasas ocasiones llegan a cumplir su objetivo de influenciar algo en los resultados electorales. Por fortuna, su pálido reflejo nacerá y morirá con las elecciones, sin apenas dejar ningún poso ni recuerdo. Sus mensajes claramente dirigidos se disolverán en el agua del río, aunque quizá como irónico recuerdo de este tipo de publicaciones podemos llevar una flor en la solapa, “tope de guapa, tope de guapa”, como dijo el maestro Javier Krahe.