Fellini, el humanista que hacía cine

Escrito por Kilian Cruz Dunne

{xtypo_dropcap}A{/xtypo_dropcap}hora que se celebran los 50 años de la realización de ‘La dolce vita’, es momento de recordar a Federico Fellini, el humanista que hacia cine para que le gustara primero a él y al público después.

La tórrida secuencia recreada en la Fontana de Trevi, entre su alter ego Marcello Mastroianni y la explosiva actriz sueca Anita Ekberg, es un icono de la cinematografía mundial que forma parte de la memoria sentimental de los pocos cinéfilos que quedan en este erial lleno de 3D y remakes y nos sirve de excusa para rendir homenaje a un cineasta que tenía que estar en medio de las cosas, necesitaba saberlo todo de todo el mundo, que quería hacer el amor con todo el mundo.

El Maestro, que nació en 1920 en la misma ciudad donde murió, Rimini, trabajó como dibujante antes de ser contratado para el celuloide como guionista y autor de gags. Su primera colaboración con el cine se produce en la eclosión del neorrealismo, cuando Roberto Rossellini le pidió ayuda para coescribir los textos de ‘Roma, ciudad abierta (1945).

Si bien ‘Luci del varieta’ (1950) significó su debut en el Séptimo Arte como creador absoluto, la película ‘Los inútiles’ (1953) fue la primera en la que comenzó a mostrar los primeros signos de las preocupaciones autobiográficas que marcan su extensa filmografía, más de cincuenta filmes, aunque él lo desmintiera en muchas ocasiones.

Su primer gran éxito comercial vino un año después de la mano de ‘La Strada’, el primer trabajo donde llamó la atención de la crítica, una película crucial en su cinematografía puesto que muestra cómo el hombre no debe guiarse por sus impulsos y presenta a la mujer como redentora de la situación anterior.

A estos comienzos, que marcaron el inicio de una estrecha colaboración con sus guionistas Tullio Pineli y Ennio Flaciano, le siguieron obras como ‘Almas sin conciencia’ (1955) y ‘Las noches de Cabiria’ (1957), que consiguieron mantener el interés de la audiencia y la crítica.

Una vez finalizada esta primera etapa, con ‘La dolce vita’ comienza otro tramo cinematográfico donde su reputación de cineasta personal y biográfico quedarán asentados: ‘Ocho y medio’ (1963), un antes y después en su carrera, y ‘Giuletta de los espíritus’ (1965), filme en el que Fellini consolida su creciente predilección por las imágenes extravagantes, exageradas y surrealistas.

A continuación rodó ‘Satyricon’ (1969), la más pantagruélica, irónica y absurda película del director en términos visuales y la que cierra esta segunda etapa, donde queda claro que su filmografía tendrá éxito dependiendo de hasta qué punto los espectadores estén dispuestos a aceptar las creaciones desmesuradamente sensuales del director italiano.

‘Amarcord’ (1973), una recreación personal de su Rimini de los años treinta, y ‘Casanova’ (1976), llevan hasta las últimas consecuencias otra de las preocupaciones presentes en su trayectoria: la visión pesimista y amarga de la sexualidad masculina. Y en ‘La ciudad de las mujeres’ (1979) encontramos el reverso de lo anterior: la significación de la mujer y sus incidencias sexuales.

Los títulos de sus últimas realizaciones (‘Y la nave va’, ‘Roma’, ‘Ginger y Fred’, La voz de la luna’, ‘Intervista’…) pertenecen a una última etapa donde la extraordinaria imaginería de Fellini sigue haciendo de las suyas, con destellos de calidad de un cineasta considerado ya universal y a la altura de coetáneos suyos como Bergman, Bresson, Mizoguchi o Yasuhiro Ozu.

Gran dominador de un medio cinematográfico al que dota de una vítrea carga sarcástica, Fellini vomita sobre la pantalla tal cantidad de extravagantes personajes, tal barroquismo visual, que al espectador le es imposible escapar de esta maraña de imágenes irónicas, apasionadas, artificiales, bacanalescas, y, a veces, brutales.

Fellini, al igual que ocurre con sus metrajes, es difícil de resumir en pocas líneas y es lo opuesto a las explicaciones fáciles (algo muy difícil de decir de cualquier director de cine moderno). Por ello, gustará más o menos, pero lo que nadie puede negar es que era más que un cineasta, era un humanista enormemente personal y creativo cuya capacidad para retratar situaciones y construir personajes no ha sido nunca superada.

David Laguillo

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David Laguillo (Torrelavega, 1975) es un periodista, escritor y fotógrafo español. Desde hace años ha publicado en medios de comunicación de ámbito nacional y local, tanto en publicaciones generalistas como especializadas. Como fotógrafo también ha ilustrado libros y artículos periodísticos. Más información en https://www.davidlaguillo.com/biografia