¿Me prestas la maquinilla, Bárcenas?

Esto de que potentados como Díaz Ferrán y gente de alta alcurnia como Luis Bárcenas convivan en la misma cárcel tiene sus ventajas indudables. Así, por ejemplo, pueden compartir maquinilla de afeitar. Esas cosas unen mucho. Se crean sólidos lazos de amistad entre las élites de la prisión.

Además, otra ventaja es que tener gente de tan alto nivel social, sin duda contribuye a elevar el estatus de la prisión. Los presos comunes, los chorizos de medio pelo, yonquis y macarras, se pueden codear con gente que ha estado en las más altas instituciones de partidos y empresas, y eso, qué duda cabe, eleva el caché de la prisión.

Y, por último, otra ventaja más. Tan distinguidos huéspedes carcelarios pueden educar a los macarras, enseñarles que, con el guante blanco, se consiguen más beneficios que son la navaja. Que hoy se lleva más el delito suave y escamoteador, que las navajas y los tirones de bolsos ya no están bien vistos ni por los melancólicos de la delincuencia de barriada. ¿Me prestas la maquinilla, Bárcenas?