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Las dimisiones que no se producirán | Editorial

  • La concejala Gema Igual presentó el descalabro de los logotipos, probablemente sin haberlos mirado, como podría haber presentado, entre sus manos, un cachopo recién empanado

No es, ni de lejos, una anécdota menor. El escándalo mayúsculo de los logotipos de la imagen de marca de Santander nos deja una reflexión añadida: las dimisiones, que no se producirán, reflejan el pútrido estado actual de la clase política, incapaz de asumir responsabilidades, incapaz de gobernar con el rigor necesario como para aceptar que los errores cometidos durante la actividad política se pagan con consecuencias políticas, en forma de dimisión.

La concejala Gema Igual presentó el descalabro de los logotipos, probablemente sin haberlos mirado, como podría haber presentado, entre sus manos, un cachopo recién empanado.

Las dimisiones que no se producirán nos dejan el reflejo de esta España decadente, en la que nunca veremos a ministros como los japoneses, que lloran ante las cámaras mientras anuncian su dimisión por las tropelías cometidas en su cargo.

Las dimisiones que no se producirán nos dejan la amarga imagen del sillón, del eterno sillón, al que tanto se agarran para servirse pero del que hacen poco uso para servir.

Y lo más triste de todo es que ya asumimos como “normal” que nadie dimite, nadie vigila, nadie fiscaliza, nadie aplica rigor, y asumimos que nunca rueda la cabeza de ningún concejal o de otros altos cargos. Ante todo, unidad. Ante todo, falso sentido de fortaleza. Que no se note nada. Aquí, como siempre, no dimite nadie.

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