Las ondas

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¡

Qué alegría! Ya tenemos TDT, esa tecnología para televisión tan maravillosa que se supone no falla nunca, siempre se ve y se oye a la perfección, nunca se de-sincroniza el audio con la imagen, nunca le salen pixelaciones, nunca se para de repente y deja de funcionar, y sobre todo, siempre nos ofrece las últimas noticias de nuestros pueblos y ciudades cercanas y jamás nos inundará con tele tiendas infumables, videntes y demás fauna. Es el mágico país de la piruleta, en la calle del arco iris, en el barrio del algodón de azúcar, donde todo es siempre alegre y brilla el sol.

Sarcasmo aparte, es un despropósito absoluto que se cierren las emisiones analógicas de televisión y no se haya resuelto aún el concurso de licencias para TDT, situando tanto a empresas y empresarios de estas televisiones locales como a sus trabajadores, en una injusta situación de inseguridad.

Es un despropósito absoluto que se cierren las emisiones analógicas de televisión y no se haya resuelto aún el concurso de licencias para TDT

Las licencias de radio y televisión, es algo ya conocido, parecen ser siempre ese gato al que nadie se atreve a poner el cascabel, y de este hecho sabemos mucho en Cantabria. Gobierno tras gobierno, de distinta índole y color, han seguido manteniendo a docenas de pequeñas emisoras de radio y televisiones locales -humildes, puede, pero en ocasiones dando de comer a varias personas todos los meses- en el más absoluto limbo de lo alegal, en ocasiones, o directamente en el fango de lo ilegal, sin mucha causa justificada.

En un reciente debate televisivo el propietario de Antena 2000, emisora de radio catalana que incluso llegó a denunciar por prevaricación y vulneración de derechos fundamentales a la entonces directora del Serveis de Difusió Audiovisual del Dep. de Cultura i Mitjans de Comunicació de Cataluña, afirmaba que en ocasiones el espectro radioeléctrico no está limitado técnicamente y añadía que la intervención del estado no era mejor que si se gestionase de modo privado. Al menos, la actual situación con las permanentes cancelaciones y retrasos de los concursos de licencias en Cantabria viene a confirmar, de modo fehaciente, esa opinión.

En lugares como Cantabria, el espectro radioeléctrico no parece estar ni mucho menos saturado y esas emisoras de radio disponen de licencia de actividades económicas y la Agencia Tributaria les cobra religiosamente sus impuestos, al igual que la SGAE les cobra también el canon.

En cuanto a la TDT, parece que sobran licencias y sobra espacio, ya que durante todo este tiempo de tensa espera, han cerrado varias de las televisiones que poblaban nuestro territorio, con los consiguientes nuevos parados para apuntarse al flamante EMCAN. Quizá ninguna de esas televisiones hiciera un trabajo merecedor de premios o menciones honoríficas, pero es innegable la importante labor social que tienen las televisiones y radios locales en la difusión de los eventos locales, de las noticias que quizá no sean grandes titulares en periódicos nacionales, pero merecen el interés de la comunidad local y sirven para enriquecer esa sociedad local.

El panorama es pobre cuando no se tiene una televisión o radios locales “cubriendo” nuestras pequeñas noticias diarias, nuestras pequeñas fiestas de barrio, en definitiva, narrando la vida de una comunidad local. Mantener durante mucho más tiempo esta situación injusta no puede estar justificado.

La TDT, de momento, ha empezado con muchos más interrogantes que respuestas.

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