La Iglesia como empresa

{xtypo_dropcap}A{/xtypo_dropcap}provechando que pasa el papa Benedicto XVI por Madrid, podemos afirmar que la Iglesia que públicamente como tal representa, con su boato y sus alhajas, no es la verdadera Iglesia portadora de la religión o la creencia religiosa. Es una empresa.

La religión y la creencia en un Dios es otra cosa. No se compone de jerarcas, ni obispos, ni tiene una estructura de tipo empresarial, organizada jerárquicamente en forma de pirámide (con una amplia base de obreros y creyentes de base). La creencia religiosa es un acto privado e íntimo.

La Iglesia, como empresa, tiene una estructura exactamente igual que cualquier compañía que fabrique cualquier producto. Con sus inversores, accionistas, y Comité de Dirección. La diferencia es que los accionistas de la Iglesia (los creyentes de base) no tienen ninguna capacidad de decisión, ni voto, para organizar las altas esferas directivas de su empresa. La Iglesia invierte en empresas, de todo tipo, y distribuye el capital de forma empresarial, para obtener beneficio económico.

El creyente de base, de cualquier corriente religiosa (cristianismo, judaísmo, islamismo, budismo, etc.) debería cuestionar esa jerarquía dominante en el seno de su iglesia.
Eso es lo que debe cambiar: la explotación comercial, como si se tratase de cualquier empresa, de una creencia religiosa, de cualquier corriente, bien sea Buda, Alá, Dios, Jehová, o cualquier otra denominación.

David Laguillo

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David Laguillo (Torrelavega, 1975) es un periodista, escritor y fotógrafo español. Desde hace años ha publicado en medios de comunicación de ámbito nacional y local, tanto en publicaciones generalistas como especializadas. Como fotógrafo también ha ilustrado libros y artículos periodísticos. Más información en https://www.davidlaguillo.com/biografia