La última generación que vivió en libertad

{xtypo_dropcap}P{/xtypo_dropcap}arece una historia de ciencia ficción, de un futuro distópico de paisajes futuristas con gobiernos mundiales totalitarios, e individuos sometidos a los designios de un Estado dictatorial e inaccesible. Pero no está tan lejos. Está, por desgracia, cada vez más cerca.
Quizá nosotros seamos las últimas personas que vivimos en libertad.
Porque, según avanzan, a ritmo frenético, las locas y cuestionables reformas sociales en España, Europa y otras partes del mundo, da la sensación de que nuestros hermanos, primos, sobrinos y generaciones siguientes, vivirán en un mundo mucho más controlado, mucho menos libre, y mucho más censurado que el mundo actual. ¿Una locura? No lo parece, porque cada vez más los Estados legislan en contra de los deseos de los individuos particulares, legislan contra las costumbres arraigadas y legislan en contra de la libertad de expresión de los ciudadanos.
Puede sonar duro, pero es cierto, y así será mientras los ciudadanos lo permitan: piense tan solo que sus abuelos lucharon contra la dictadura, muchos dieron su vida por esa lucha, y ahora, de forma quizá más sutil pero igual de efectiva, todos los derechos ciudadanos, y muchos de los derechos laborales, están siendo destruidos, eliminados sin reparo, por parte de personas que, en teoría, fueron elegidos por los ciudadanos para gobernar en favor de los ciudadanos.
Pero, ¿eliminar derechos es gobernar a favor de los ciudadanos? Quizá puede ser un gran error, y debe ser rectificado antes de que las personas se subleven contra estas nuevas formas de coacción dictatorial.